Archive for LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO X: INFANCIA ADOLESCENCIA JUVENTUD

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO X: INFANCIA ADOLESCENCIA JUVENTUD (*)

El Hombre de Azogue iba vestido con un traje gris perla, camisa blanca y corbata roja, le gustaba vestir de traje en las ocasiones más cotidianas. Para comprar el pan, para echar una carta al buzón, para arrancar los carteles que los acólitos de Franco habían pegado en las paredes para conmemorar los 25 años de pax, o simplemente para darse un paseo por el parque.

El Hombre llamado Jardín iba vestido con suaves pieles de frutas, hojas tiernas de hortalizas, cálidos pétalos de flores silvestres, y espinosas espigas, su cuerpo era un mosaico archimboldiano (**). Barba de lunas o de mariposas como un poema de Whitman (***). Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO IX: FILIPPO BRUNO

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CAPÍTULO IX: FILIPPO BRUNO

El Hombre llamado Jardín había leído en la biblioteca de Alejandría dos libros de Frances A.Yates (*), una de las más reputadas estudiosas del Renacimiento.

Ambos trataban de Filippo Bruno. Un tipo que al ser condenado por la Inquisición miró a la cara a sus verdugos y les espetó: “Tremate forse piu voi nel pronunciare la sentenza che io nel riceverla”. Algo así como “Temblad, temblad, malditos”. (**)

Había nacido así su conciencia política anticlerical. Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO VIII: LA CANCIÓN DE MI ROSA

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO VIII: LA CANCIÓN DE MI ROSA

Durmieron junto a Juan, el desertor, en su cueva. Era una cueva cálida llena de historia, de recuerdos, de fantasías, de prestidigitación.

Como una instalación del museo Vostell en Malpartida (*), cada silla, cada esquina, era un pedazo de tiempo congelado. Se sentaban sobre un mosaico y se envolvían de la violencia de las guerras púnicas, y  de elefantes cruzando los Alpes, de barcos llegando a Cartago, de hombres festejando, cantando y silbando. Y construyendo y reconstruyendo. Incluso creando. Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO VII : LA GUERRA

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO VII : LA GUERRA

El Hombre de Azogue conocía esta colina, ya había pasado por aquí en otras ocasiones, en otros viajes, quizás hacía años, quizás hacía siglos, quizás milenios.

Aquí había un pueblo, una pequeña aldea, ahora solo hay ruinas, tan solo una casita se mantiene gracias al esfuerzo de recuperación de unos hombres de ciudad que pasan los fines de semana restaurando, picando, acarreando, adecentando.

Antes había una aldea, junto a la loma de la colina. Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO VI: UN LLANTO COMO UN RÍO

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CAPÍTULO VII: UN LLANTO COMO UN RÍO

“Yo quiero que me enseñen un llanto como un río

que tenga dulces nieblas y profundas orillas”

F. G. Lorca

El Hombre de Azogue seguía caminando mientras la noche iba cediendo paso al amanecer. El Hombre llamado Jardín se detuvo mirando en silencio al horizonte y empezó a llorar. El Hombre de Azogue no se atrevió a preguntar la razón de tan inesperado llanto, pero se detuvo para esperar a que el Hombre llamado Jardín se calmara y continuara camino.

El Hombre llamado Jardín lloró unos minutos, un llanto sin palabras, sin inhibición, sin búsqueda de consuelo, sin destinatario. Un llanto como un espejo, como una herida, como un río. Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO V: ESTRELLAS

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CAPÍTULO V: ESTRELLAS

Se hacía de noche, pero el hombre de Azogue y el hombre llamado Jardín no estaban cansados. Habían decidido que ya nunca más iban a regresar sobre sus pasos, ni a buscar comida ni a buscar donde dormir, ni a buscar amistades del pasado, ni a buscar sus propias historias.

Desde que el planeta se estaba calentando, los otoños ya no eran tan fríos como antes, de día tomaban suficientes calorías para soportar la suave bajada de temperatura de la noche. Lee el resto de esta entrada »

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CAPÍTULO IV: MARCO (De los Apeninos a los Andes)

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CAPÍTULO IV: MARCO (De los Apeninos a los Andes)

A la mañana siguiente, el Hombre de Azogue y el hombre llamado Jardín se despertaron al unísono. Aún era de noche y estaban desnudos, pero no tenían frío. Comieron unas bayas y emprendieron el camino hacia ninguna parte. O hacia un destino desconocido. O hacia un futuro predestinado. Lee el resto de esta entrada »

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