CAPÍTULO VI: UN LLANTO COMO UN RÍO

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO VII: UN LLANTO COMO UN RÍO

“Yo quiero que me enseñen un llanto como un río

que tenga dulces nieblas y profundas orillas”

F. G. Lorca

El Hombre de Azogue seguía caminando mientras la noche iba cediendo paso al amanecer. El Hombre llamado Jardín se detuvo mirando en silencio al horizonte y empezó a llorar. El Hombre de Azogue no se atrevió a preguntar la razón de tan inesperado llanto, pero se detuvo para esperar a que el Hombre llamado Jardín se calmara y continuara camino.

El Hombre llamado Jardín lloró unos minutos, un llanto sin palabras, sin inhibición, sin búsqueda de consuelo, sin destinatario. Un llanto como un espejo, como una herida, como un río. El Hombre de Azogue le miraba pacientemente, un paso por delante, las manos a la espalda, los labios cerrados.

El Hombre llamado Jardín se secó las lágrimas con el antebrazo y continuó camino mirando al suelo, mirándose la punta de sus pies descalzos. Mirando su propia tristeza desnuda.

Ni un comentario.

El Hombre de Azogue era muy reservado y respetuoso con los sentimientos del Hombre llamado Jardín. Temía herir su sensibilidad y evitaba cualquier injerencia en su intimidad.

Llegaron a un terreno donde brotaban chumberas silvestres que exhibían buenos higos maduros. Aunque no llevaban protección para las manos ni tan siquiera un cuchillo, ambos se aventuraron a coger con sus manos desnudas aquellos frutos protegidos por grandes hojas cubiertas con infinidad de alfileres amenazantes.

Comieron, sangraron, se saciaron, se miraron.

NI un comentario. El Hombre llamado Jardín tenía los ojos irritados y las mejillas sucias por las lágrimas. No habían encontrado agua para asearse. El Hombre de Azogue le miró, analizó su tristeza, pero no se atrevió a preguntar la razón. Era muy reservado y respetuoso con los sentimientos del Hombre llamado Jardín. Temía herir su sensibilidad y evitaba cualquier injerencia en su intimidad.

Este capitulo es necesariamente corto, corto y triste. El sol comenzaba a asomar. Habían pasado la noche caminando sin descanso. Sin rumbo.

Ahora tenían que decidir si querían continuar o descansar. Tenían las manos ensangrentadas.

El Hombre llamado Jardín se limpió la sangre sobre el vello de su pecho. El Hombre de Azogue le imitó. Ni un comentario.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: