CAPÍTULO VIII: LA CANCIÓN DE MI ROSA

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO VIII: LA CANCIÓN DE MI ROSA

Durmieron junto a Juan, el desertor, en su cueva. Era una cueva cálida llena de historia, de recuerdos, de fantasías, de prestidigitación.

Como una instalación del museo Vostell en Malpartida (*), cada silla, cada esquina, era un pedazo de tiempo congelado. Se sentaban sobre un mosaico y se envolvían de la violencia de las guerras púnicas, y  de elefantes cruzando los Alpes, de barcos llegando a Cartago, de hombres festejando, cantando y silbando. Y construyendo y reconstruyendo. Incluso creando. Se sentaban en una silla de enea en el extremo opuesto y respiraban una paz comprometida en una celda del penal de Carabanchel, junto a hombres del campo o de la ciudad que se habían reunido en el patio para preguntarse unos a otros como es un árbol (**). Como era antes de entrar, como sería después de salir. Como era con la voz de un hortelano, como podría ser con la voz de un oficinista. Con el frío del invierno. Con el frió de las celdas. Con el calor de una noticia. Con el frescor de la voz cómplice de un funcionario. O con el amargor de la voz destructora de un funcionario. O sin voz.

En la cueva solo había espacio para uno, pero estaban los tres, podrían haber estado cientos de amigos. Incluso cientos de enemigos. Toda la humanidad podría haber estado dentro de esta cueva,  y toda la inhumanidad.

No era una cueva de sombras chinas como la caverna de Platón. El filósofo quiso explicar con una alegoría la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. En la cueva de Juan el conocimiento era la historia, pero no la de los reyes y los generales, no la de las cruzadas y las conquistas.

Era una historia de vivencias salpicadas por la sinrazón expresionista de los sueños. Una historia de la humanidad donde Adán podría haber sido un australopiteco o un androide. Donde el único fin de la guerra era despertar la conciencia de los desertores. Donde los dioses fornicaban con los mortales para hacerse mortales. Y los humanos fornicaban con los dioses para sentirse más humanos. Donde las personas no eran asesinadas por sus ideas, sino por otras personas. Porque las ideas nunca podrían ser asesinas ni asesinadas.

[Tras un largo sueño reparador reemprendieron el camino. Tal vez ya era invierno, aunque con el cambio climático nunca estaban seguros de la estación del año en que se encontraban. Posiblemente ya fuera el mes de diciembre, o de enero. No sabían cuanto tiempo habían estado durmiendo en la cueva de Juan. Porque el tiempo no era lineal cuando las vivencias son salpicadas por la sinrazón expresionista de los sueños. Hacía frío, el viento azotaba sus cuerpos desnudos, la nieve de posaba en el bigote del Hombre de Azogue y en la barba del Hombre llamado Jardín.

Cada pocos pasos tenían que parar y abrazarse para entrar en calor. En silencio. Habían aprendido a disfrutar del silencio. De la compañía, del contacto físico y del silencio.

El frío nunca penetró en sus corazones.

Caminaban como siempre sin rumbo, sin destino, sin premeditación.

Y el Hombre llamado Jardín comenzó a tararear una canción de Amaral (***)

-“Mi rosa de la paz,

vieja rosa con heridas,

siento cuando me acaricias frío…”

(*) MUSEO VOSTELL MALPARTIDA

Museo Vostell

http://www.museovostell.org/

(**) DECIDME COMO ES UN ÁRBOL . MARCOS ANA

Cubierta MA:Maquetaci—n 1

“Decidme como es un árbol,

contadme el canto de un río

cuando se cubre de pájaros,

habladme del mar,

habladme del olor ancho del campo

de las estrellas, del aire

recítame un horizonte

sin cerraduray sin llave

como la choza de un pobre

decidme como es el beso de una mujer

dadme el nombre del amor

no lo recuerdo

Aún las noches se perfuman de enamorados

que tiemblan de pasión bajo la luna

o solo queda esta fosa?

la luz de una cerradura

y la canción de mi rosa

22 años, ya olvido

la dimensión de las cosas

su olor, su aroma

escribo a tientas el mar,

el campo, el bosque,

digo bosque

y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos

que los años me olvidaron,

no puedo seguir

escucho los pasos del funcionario”.

http://marcos-ana.blogspot.com/2008/05/decidme-como-es-un-rbol.html

(***) ROSA DE LA PAZ,  AMARAL

http://www.youtube.com/watch?v=Z-z-RRNYzho&feature=player_embedded

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