CAPÍTULO X: INFANCIA ADOLESCENCIA JUVENTUD

LOS CAMINOS DEL HOMBRE DE AZOGUE

CAPÍTULO X: INFANCIA ADOLESCENCIA JUVENTUD (*)

El Hombre de Azogue iba vestido con un traje gris perla, camisa blanca y corbata roja, le gustaba vestir de traje en las ocasiones más cotidianas. Para comprar el pan, para echar una carta al buzón, para arrancar los carteles que los acólitos de Franco habían pegado en las paredes para conmemorar los 25 años de pax, o simplemente para darse un paseo por el parque.

El Hombre llamado Jardín iba vestido con suaves pieles de frutas, hojas tiernas de hortalizas, cálidos pétalos de flores silvestres, y espinosas espigas, su cuerpo era un mosaico archimboldiano (**). Barba de lunas o de mariposas como un poema de Whitman (***).

El Hombre de Azogue tenía fuego en sus manos, el Hombre llamado Jardín tenía harina en sus manos. Ambos tenían recuerdos en sus manos.

Y caminos en sus pies.

Habían estado en la Piazza Campo dei Fiori, y tal vez habían sido quemados vivos por la Inquisición por defender que la poesía es un arma cargada de futuro. O que, como decía Bretón, el mayor acto surrealista sería salir a calle y disparar al azar. Disparar al Azar. Eso hacían ellos cada madrugada, al levantarse, salían a la calle y disparaban al Azar. Empezaban a caminar sin rumbo pero con ilusión. Empezaban a sentir sin objeto pero con pasión. Empezaban a creer sin dios pero con libertad. Disparaban sus sueños al azar de la vida que les conducía como un perro guía conduce aun ciego por un planeta desconocido. Un planeta por conocer. Como Bruno creían que había planetas habitados más allá de donde llegan las naves espaciales. Más allá de donde llegarán jamás.

El Hombre de Azogue había nacido en medio de una guerra y su abuela le había enseñado que a la vida había que dominarla con imaginación, con decisión, con descaro.  ¡Ay, su abuela! Recordaba como su abuela le pedía que se vistiera con el traje de marinerito de su primera comunión para ir a las casas de los ricos. Y les daban buenas propinas. Nada como explotar el timo de la religiosidad en provecho propio. Más cuando las beatas acababan de ganar la guerra.

El Hombre llamado Jardín había nacido en plena revolución social, pero nunca lo supo. Llegaron los primeros turistas a las playas, pero él vivía en el interior y nunca los vio.  Sus padres viajaban empleados en un teatro ambulante, pero él se quedaba en el pueblo. En la capital se hablaba de cambios políticos, de música estridente, de sexo sin fronteras. Pero él nunca lo oyó. Los primeros 20 años de la vida del Hombre llamado Jardín fueron grises. Infancia, adolescencia y juventud fueron grises. Era un hombre gris como los de la historia de Momo de Michael Ende.(****)

En cambio la infancia, adolescencia y juventud del Hombre de Azogue habían sido animadas, libres, llenas de historia, color y aventuras. Con amigos con los que corretear las calles de la ciudad, con quienes subirse en los topes de los tranvías y saltar sin temor cuando se acercaba el revisor. Con quienes descubrir el mundo.

El Hombre llamado Jardín no había tenido amigos. Ni aventuras. Ni familia. NI historia. Gris.

 

(*) El título está tomado de León Tolstoi

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=8780&id_seccion=13#

(**)

Giuseppe Arcimboldo

Vertumno

(***)

Walt Whitman

(****)

http://www.librerialuces.com/datoslibros.php?cod=69498

Hombre Gris. Ilustración de VONPRK

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