HOY HE VUELTO A DONAR SANGRE

Bueno, tal vez sea cierto que las personas cuanto más envejecemos más pejigueras e intolerantes nos hacemos. Desde luego reconozco que cada vez me pone más nervioso y me parece más insoportable el interrogatorio previo a cada donación de sangre.

Considero que donar sangre es uno de los actos más solidarios y por tanto antimilitaristas que una persona puede hacer independientemente del sexo, de la nacionalidad, de la ideología, de sus creencias o increencias religiosas, o de la edad (o al menos en una amplia franja de edad, entre 18 y 60 años).

Cada vez que me acerco a donar sangre no lo hago solo para “salvar” o mantener tres vidas, sino para construir valores como  la confianza en la bondad natural del ser humano. La esperanza en un futuro marcado por valores no comerciales, ni materialistas, ni individualistas. Donar es la forma más Humanista del Socialismo.

Por eso reivindico la figura de doctores como el canadiense Norman Bethune, que vino a España  a defender la democracia frente al nazismo, y  desarrolló el primer servicio móvil de transfusiones de sangre en España en 1936.  Además organizó un servicio para recoger la sangre de los donantes y trasladarla al frente de batalla, salvando así incontables vidas. Bethune fue también uno de los primeros defensores de la medicina socializada, que formaron el Grupo de Montreal para la protección de la salud. Habitualmente los neohistoriadores memorialistas nos hablan de los brigadistas que vinieron a empuñar las armas, pero pocas veces nos hablan de quienes vinieron a salvar vidas. Y desde luego salvar vidas es el mejor medio para salvar la Democracia y combatir el fascismo. También hoy en día.

Y sí, cuando dono también hay siempre un punto de egoísmo, de afianzamiento de mi propia Conciencia. De sentirme “en paz conmigo mismo”.

Y para ello desde luego no contribuyen en modo alguno los “facultativos- policías” que nos interrogan en los autocares de la Comunidad de Madrid. Ignoro si en otras Comunidades Autónomas se da el mismo caso, pero en Madrid cada vez me resulta más insoportable.

No solo nos obligan a rellenar un formulario que considero homófobo, sidófobo y (por tanto) militarista, con preguntas sobre si convivo o he convivido con alguna persona que padece o ha padecido sida o hepatitis. Considero que a nadie le importa con quien convivo o qué enfermedades padece la persona con quien conviva. Forma parte de mi vida privada y debería ser ilegal y estar penado hacer preguntas que violan mi derecho a la protección de datos. Si yo, o la persona con quien conviva, tenemos alguna enfermedad grave o contagiosa sólo los facultativos que nos estén tratando tienen derecho a saberlo y estará registrado en nuestro historial clínico que hoy en día ya está totalmente informatizado.

No solo me obligan a rellenar este formulario sino que la facultativa de turno me bombardea a preguntas personales que incluyen la repetición de algunas de las preguntas del formulario sobre con quien convivo y sus enfermedades, pero además incluso preguntas más personales del tipo ¿tienes pareja estable? ¿desde hace cuanto tiempo?. ¿Pero qué ovarios le importa a esa señora si tengo o dejo de tener pareja estable?

Por razones ideológicas me cuesta responder a preguntas que considero homófobas, sidófobas y militaristas. Tengo siempre la tentación de dejarlas en blanco en el formulario y negarme a responder cuando me las preguntan. Cada vez que voy a donar sangre tengo que hacer un balance sobre si compensa pasar por el interrogatorio o no compensa. Es una pena que tenga que hacer este balance, que tenga que dudar por culpa de un formulario y una facultativa que no respetan la vida privada de las personas que vamos a solidarizarnos, a entregar parte de nuestras vidas. Me imagino que cuando los brigadistas como Bethune llegaron a España también sufrirían este tipo de interrogatorios por parte de la autoridades españolas, a pesar que venían a ayudar, a solidarizarse, a entregarse a la Causa. Pero no me imagino a Bethune sometiendo a las ciudadanas y ciudadanos que se prestaron a dar su sangre para salvar a los heridos a un interrogatorio sobre sus vidas privadas. No creo que le importara mucho si los donantes eran católicos, ateos, comunistas, anticomunistas u homosexuales. O si tenían pareja, estaban casados o amancebados.

Creo de momento que la Causa lo merece, pero nunca entenderé este tipo de trabas propias de un Estado policial y de un servicio que carece de la imprescindible Conciencia Social.

¡Qué pena!

Y sin embargo soy feliz por haber cumplido con mi deber como ser humano. Porque a pesar de todo sigo creyendo en la bondad innata del ser humano.

1 Response so far »

  1. 1

    Toni said,

    Entiendo tus posturas y las defiendo. Aplaudo que seas donante. Yo también lo soy, pero entiende tú a los profesionales: no pueden recibir sangre con HIV o HVC. Responder es una responsabilidad de cara a la salud de los receptores y, pienso, no hay que estar siempre tan a la defensiva.


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