¡OH CUBA!

El sábado 3 de marzo fuimos al Centro Cultural de la Villa, para ver esta obra en el Teatro Fernán Gómez.

Se trata de un musical con ritmos flamencos y cubanos, y con textos de Federico García Lorca y de Nicolás Guillén. con música de Antonio Carmona.

Un espectáculo magnífico de una muy buena calidad.

Lo mejor de la representación son los poemas de Lorca recitados por Loles León. Me afianza en el convencimiento que los poetas no deberíamos nunca recitar. Para recitar hay que ser actriz o actor. He ido a algunos recitales de poesía, presentaciones de libros recitados por el autor o autora y siempre salgo decepcionado. Los poetas, y desde luego yo, no nos comunicamos con la voz, sino con la palabra escrita. Escribimos desde el sentimiento, la emoción, la angustia, el dolor, el amor, la ira o la devoción. Pero nunca desde la voz, aunque a menudo en mis versos aparezca el concepto “voz” referido a mi propia expresión poética, pero se trata de una metáfora, se trata de una voz interior, nunca de mi voz externa, no una voz audible, sino una voz sensible,  que puede sentirse. Un cantante o un actor sí que saben utilizar su voz para expresar lo que nosotros, los poetas, expresamos por escrito. Por eso yo nunca leo en público mis poemas (bueno, casi nunca, no me gusta hacerlo), cuando he presentado mis libros siempre he buscado a otra persona que ponga voz (audible) a mis versos. Y desde luego Loles León es capaz de transmitir todo el sentimiento, la agonía, el deseo, la añoranza, el duende de García Lorca.

Son poemas surrealistas. No podemos intentar comprender el significado frase a frase, como en un texto en prosa. Son poemas que transmiten emociones, deseos y descubrimientos. Son homenajes a la isla de Cuba, son declaraciones de amor y compromiso con los cubanos. Versos cargados de símbolos, de esperanza y de experimentación. Como los de “Poeta en Nueva York”.

Me emocionó la escena homoerótica y como Loles León escenificó los símbolos a la vez que los bailarines escenificaban la acción. Los dos cuchillos, que en muchos versos lorquianos representan al falo, a las relaciones sexuales entre dos varones, a la confrontación entre la realidad y el deseo (que diría Cernuda).

De los números musicales el que más me gustó fue a su vez la canción interpretada por Loles León, en un ritmo casi rapero, de recitado musicalizado, de energía y calor cubano. Acompañada del cuerpo de baile danzando con los palos. (Sin embargo no me gustó tanto la canción que ella misma interpretó seguidamente en ritmo más habanero)

Y como ballet, por supuesto me emocionó la escena homoerótica, pero la danza que más me gustó fue el latido de bienvenida con que comienza la obra. Con los bailarines manejando las maletas con una soltura casi acrobática, con la misma ligereza con que podrían hacer volar un mantón de manila. Con una expresión muy de danza contemporánea.

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Es un espectáculo muy completo, muy poético, muy lúdico, muy espectacular. Hasta podemos ver en escena (y en movimiento) los “pavos reales blancos” que tenía Nicolás Guillén en su casa.

Lo recomiendo.

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