AUTOBIOGRAFÍA DE UN YOGUI

AUTOBIOGRAFÍA DE UN YOGUI

El sábado 9 de septiembre estuvimos en el Teatro Cofidis Alcázar, Rafael Álvarez “El Brujo” interpreta la Autobiografía de Paramahansa Yogananda (Gorakhpur, 1893 – Los Ángeles, 1952).

Con un inmenso alarde a creatividad y profesionalidad, El Brujo nos acerca la vida y la filosofía de un místico hindú. Es una obra difícil, y él mismo lo expresa abiertamente en el escenario, porque se trata de una filosofía muy marcada por la fe y las creencias religiosas hindúes, como la reencarnación o los supuestos milagros de los santos.

Yo, por supuesto soy escéptico respecto a los pasajes de la Autobiografía… donde nos narra sus milagros, pero en cambio considero que es importante entender, o al menos adaptar a nuestra realidad, la filosofía de vida de Yogananda.

En definitiva, tras dos horas de teatro filosófico, ¿qué he sacado en conclusión? Básicamente he entendido la necesidad de restarle importancia a los problemas personales, locales y cotidianos para centrarnos en lo que verdaderamente importa a la Humanidad. Para centrarnos en desarrollar valores que sirvan para cambiar el mundo, para mejorarlo.

En la obra El Brujo hace una comparación entre el cerebro de un ser humano y el de un simio, para hacernos comprender como lo importante de la especie humana es la capacidad de establecer conexiones entre las neuronas, de forma que cuando se conectan dos neuronas dan como resultado, no la suma de dos, sino algo nuevo, más importante, más grande que la simple suma. Si pasamos por este mundo sin intentar mejorarlo, sin intentar “transcender”, la palabra “trascender” la repite mucho a lo largo de la obra, en realidad habremos vivido como simples simios. Como seres humanos tenemos la capacidad y la necesidad de ir desarrollando la Vida, el Mundo, la Historia.

Esto es la Conciencia, el Compromiso con el Mundo y con el Futuro. Y no todas las personas con quienes hablamos cotidianamente tienen esa necesidad de transcender, la mayoría se aferran a lo que tienen y su principal preocupación es si llegarán a fin de mes, o si podrán acopiar una pingüe riqueza material que poder dejar en herencia a sus descendientes.

Yogananda perdió a su madre siendo niño, y sufrió mucho. Sin embargo más adelante se le apareció la madre representada en una diosa madre y le ayudó a recordar los valores, filosóficos y religiosos, que su madre le había enseñado de pequeño y esto le hizo superar el trauma de la muerte. La muerte no es necesariamente dolorosa si nos centramos en mantener y desarrollar todo lo que los seres queridos nos dejaron y nos enseñaron en vida.

Otro concepto que nos transmite Yogananda, a través de El Brujo, es la importancia de la Memoria. Aunque el místico lo relaciona con el recuerdo de sus vidas anteriores, El Brujo nos lo acerca a la necesidad de tener presente nuestra historia para evitar caer en los mismos errores del pasado. Memoria Histórica. Nos lo visualizó como un arquero, la flecha se tensa hacia atrás, el pasado, para ser lanzada hacia adelante, el futuro. Y cuando más fuerte y más firme es el pasado, cuando más se tensa la flecha, más claro, más desarrollado es el futuro, más certero y más lejos llega la flecha. Y tener memoria no es recordar lo que me pasó, a mí, ayer; sino lo que le pasó a la sociedad, al pueblo, a la humanidad, ayer. En España aún no se acepta la necesidad de afianzar la Memoria del Golpe de Estado fascista del 36, y mientras eso no se asuma seremos un país sin futuro. Cuando la Plataforma contra la impunidad del franquismo nos manifestamos en la Puerta de Sol en favor de que la juventud estudie y conozca la Memoria Histórica, aún mucha gente nos mira con desdén y hacen comentarios del tipo “¡Pero si eso pasó hace ya mucho tiempo, eso es el pasado!”. Pues Yogananda nos enseña que eso no es el pasado, es la base del futuro.

El Brujo hace un enorme esfuerzo por acercarnos una obra cuya principal dificultad es la mística, relacionando a cada paso la experiencia vital mística de Yogananda con la realidad de su propia experiencia como actor y de la nuestra como público. Chascarrillos a los que nos tiene acostumbrados en todas sus representaciones para hacernos moderadamente amena la autobiografía de un místico. Y muchas referencias a Shakespeare.

Me extrañó que no hiciese mención expresa a San Juan de la Cruz, personaje que El Brujo también ha interpretado, siendo ambas biografías, así lo entiendo yo, la de Yogananda y la de Juan de la Cruz, tan paralelas.

Acabamos de llegar de un viaje por Israel donde nos han contando mucha mitología cristiana, y de ese viaje he sacado en conclusión que todas las culturas, desde Mesopotamia hasta el Cristianismo, pasando por el politeísmo Grecorromano y desde luego por las religiones hindúes, comparten una serie de mitos. Yogananda nos habla de un supuesto milagro en que unos alimentos aparecen en sus manos con sólo desearlo. Es el mismo mito de la multiplicación de los panes y los peces, o de La Cornucopia de la cultura helenística. El principal mito hindú y de la autobiografía de Yogananda, el de la reencarnación, es el mismo de la resurrección cristiana o del Olimpo.

Es tarea del espectador intentar depurar de la “Autobiografía” todo lo que es mito para quedarnos, aprender y aprehender lo verdaderamente transcendente. Cuando hablamos de reencarnación y de recordar vidas pasadas, hablamos de Memoria Histórica, no solo del Golpe de Estado del 36, sino de toda la historia de destrucción y guerra de la humanidad. En el folleto de sala de la obra, Rafael Álvarez nos recuerda “Creo que fue Gandhi el que dijo algo así: He observado que la vida persiste en medio de la destrucción. Por lo tanto debe haber una ley superior a la ley de la destrucción. Únicamente bajo esa ley la sociedad puede ser inteligible y la vida digna de ser vivida”. Esto es la reencarnación, dejando la mitología a un lado.

Cuando se dice que cuando tengo hambre la comida aparece en mis manos, o que cuando la población tiene hambre se multiplican los panes y los peces, lo que deberíamos traducir es el lema socialista “De cada cual según sus posibilidades y a cada cual según sus necesidades”.

La necesidad de “creer”, tener “fe”, en la humanidad, la necesidad de transcender lo mío para hacer grande lo nuestro, lo de todos. En definitiva es la misma filosofía del Comunismo, de la República y de la Anarquía. Y de la Objeción de Conciencia y el Antimilitarismo. Muchos pensadores han calificado a Jesús de “comunista”, Yogananda también podríamos clasificarlo en esa categoría humanista. Como Gandhi, quien al parecer también fue discípulo de Yogananda. Aunque hoy en día en un mundo capitalista “liberal o neoliberal”, El Brujo también alude a esto, parace que se han olvidado estos valores, en la realidad son estos valores los que mantienen las Sociedades, las Democracias, la Cultura, el Arte, la Poesía y los Derechos Humanos.

Recomiendo el espectáculo, pero aconsejo que vayáis bien despiertos, dispuestas a conocer, a asumir, pero también a depurar. Pero sobre todo a disfrutar de un buen trabajo teatral con una impecable representación un inmenso esfuerzo por hacernos amena la autobiografía de Yogananda y con el buen humor de un hombre que además de ser un magnífico actor es un gran filósofo (y místico).

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