EL BALCÓN DE LAS MUJERES

LAS RANAS YA HAN CRIADO PELO

El sábado 25 de marzo estuvimos viendo la película israelí “El balcón de las mujeres”, dirigida por Emil Ben-Shimon.

La película nos acerca a un mundo para nosotros poco conocido, el de la sociedad israelí y sus comunidades religiosas. De entrada sorprende la autonomía que parece reinar en estas comunidades donde cada sinagoga parece organizarse de forma asamblearia entre el rabino y su grupo de fieles. Entre todas y todos planifican y realizan las actividades, ritos y festividades, entre todas y todos reparan la sinagoga cuando se cae el balcón.

Lo que más me sorprendió fue que el rabino infiltrado decidiera escribir una nueva Torá, con nuevos mandamientos. Da la impresión que cada comunidad judía escribe su propia Torá, con sus propios mandamientos, decididos y aprobados por ellos mismos (en este caso la comunidad rechazó esta nueva Torá)
El personaje del nuevo rabino, David, interpretado por Avraham Aviv Alush,

es impresionantemente maquiavélico. Su engañosa expresión facial de suma humildad y su hipócrita tono de voz falsamente conciliador y fingidamente respetuoso embauca tanto a los hombres como a parte de las mujeres. Me atrevería a decir que incluso a parte del público.

Me gustaría conocer la traducción literal en israelí para la expresión “cuando las ranas críen pelo”. El personaje es introducido en el argumento y en la comunidad con esa expresión. Cuando le ven volver con sus alumnos exclaman “¡Pues las ranas ya han criado pelo!”. En España podríamos relacionarlo más, por su astucia estratégica con el zorro.
El discurso del nuevo rabino comienza ensalzando a la mujeres, quienes son superiores a los hombres (por eso no necesitan leer la Torá, ellas son la Torá) y termina cubriéndoles el pelo y encerrándolas tras una ventana como a monjas de clausura. La comparación con la ortodoxia cristiana es evidente, pero su equivalencia con el fanatismo islamista es peligrosa.

El principal enfrentamiento entre los dos modelos de vida, el fanatismo y el humanista, se escenifica en la cena de Pascua, cuando al fundirse el plomo, llaman a un “gentil” para que lo solucione. El personaje interpretado por Evelin Hagoel,

recuerda que siempre se ha hecho así, incluso su padre ya solucionaba ese tipo de problemas acudiendo a un “gentil”. El rabino David empezando con la premisa que no quiere faltar el respeto a la memoria de su padre, consigue su propósito de no dar la luz de esa forma que él considera pecaminosa. Toda la escena es una alegoría del oscurantismo que promueven todos los fanatismos religiosos. Y no religiosos.

Pero la escena más esclarecedora de los verdaderos propósitos del fanatismo (de cualquier fanatismo) se nos muestra cuando el supuesto defensor de toda pureza no duda en mostrar su falta de escrúpulos falsificando la firma del rabino enfermo para malversar el dinero de la comunidad. Al pupilo, que hasta ese instante le tenía por modelo de pureza y camino de perfección, de repente se le abren los ojos como platos. Y el entendimiento. La pregunta clave fue “¿Es usted consciente?”. Respondiéndose a esta pregunta salió del oscurantismo.
Un argumento pedagógico que podríamos extrapolar a cualquier forma de liderazgo, ya sea religioso, político, sindical e incluso cultural.

Trailer:

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