ÁVILA, MARZO 2017

ÁVILA, MARZO 2017

16 DE MARZO DE 2017

Haría por lo menos 11 años que no pisaba Ávila. Tenía vagos recuerdos que paseos junto a la muralla, de los berracos, del museo y poco más.

Es una ciudad monumental con innumerables lugares que visitar y es imposible verlos todos y con el detenimiento necesario en una mañana. Pero he intentado aprovechar el tiempo al máximo.

Llegué el jueves por la tarde, en el tren, a las 19:40. Tomé un taxi en la estación rumbo al hotel, pero el taxista me recomendó una parada en el monumento “Los cuatro postes”, un mirador (con crucifijo, en Ávila las referencias religiosas son inevitables) desde el que tuve la primera gran vista de la ciudad y la muralla.

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Me alojé en el Hotel El Rastro, dentro de la muralla. Tres estrellas, una habitación individual muy escueta con cama pequeña y con un buen cuarto de baño. Salí a dar un pequeño paseo y cenar. El hotel se encuentra en la plaza Corral de las Campanas que está presidida por una escultura del poeta místico Juan de la Cruz.

Paseé junto a la muralla por el Paseo del Rastro hasta la Puerta del Alcázar presidida por la poetisa mística Teresa de Jesús.

En la gran Plaza dedicada a ella misma se encuentra un monolito con otra escultura suya y al fondo la iglesia románica de san Pedro (siglos XII al XIV), entré pero tenían culto, me pareció interesante pero no la pude visitar bien, lo hice a la mañana siguiente.

Estuve buscando un restaurante hasta que encontré el restaurante chino “Gran Muralla”, donde cené.

Tras la cena seguí paseando, descubrí que la Puerta del Alcázar estaba ornada con un escudo franquista con sus flechas y su yugo símbolos de la dictadura. No lo pude fotografiar porque ni cámara de noche  con el flash y acercando con el zoom, hace las fotos movidas y borrosas. Sí pude fotografiar el verraco procedente del castro vettón  de las Cogotas (siglos V- II a C) emplazado en el municipio de Cardeñosa (los vettones poblaban la zona antes de la llegada de  los romanos).

Volví al hotel, en los aledaños del hotel hice fotos a algunas fachadas medievales.Creo que es el Palacio de los Dávila.

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Y el cartel que recuerda donde vivió Orson Wells.

También descubrí otra placa franquista que no pude fotografiar y que volví a hacerlo la mañana siguiente.

La habitación del hotel, además de pequeña es un carrusel de luces. Logré eliminar las varias que procedían del la televisión desenchufándola, pero inmensa la luz de emergencia que está sobre la puerta justo enfrente de la cama me resultó muy molesta durante toda la noche.

17 DE MARZO DE 2017

Me levanté pronto y tras el aseo salí a las 7:30 h y estuve paseando y haciendo algunas fotos. Para empezar volví a fotografiar la escultura de Juan de la Cruz.

Diputación Provincial

La fachada de la parroquia de san Juan Bautista donde supuestamente fue bautizada Teresa.

La ermita de nuestra señora de las Nieves que me parece un nombre como muy pagano para un templo religioso. Me recuerda la historia de la diosa Innana y su hermana la diosa de las Nieves.

Llegué a la catedral medieval (siglos XII- XIV), no la abren hasta las 10:30 h.

El palacio del Rey Niño (siglo XII).

Volví a la plaza de Teresa para fotografiar el escudo franquista de la puerta del Alcázar.

Y los nombres de los escritores y artistas abulenses reseñados en el monumento central de la plaza.

Me acerqué al convento de San José (siglos XVI- XVII), el taxista me había recomendado que lo visitara, aún estaba cerrado.

En la plaza “del ejército”, antigua plaza de san Pedro (ignoro si le cambiaron los franquistas el nombre para homenajear al ejército golpista) fotografié una escultura contemporánea, que hay pocas en la ciudad.

Me llamó la atención el abandonado Hotel Continental, que tiene aspecto de haber sido un inmenso e importante hotel.

Descubrí una placa en homenaje a Tomás Luís de Victoria.

Algún escudo medieval con simbología masónica, que todo ha habido en la ciudad.

Alguna decoración medieval surrealista. .

Volví a fotografiar la placa franquista que homenaje a un piloto golpista y a la “gloriosa guerra de liberación”.

En la plaza de Zurraquín, antigua plaza del Medio Celemín entré a desayunar en una cafetería. Ignoro si el cambio se debe a que los franquistas querían homenajear la historia de las grandezas de la ciudad de Ávila, refiriéndose a Zurraquín Sancho, o si es que en el castillo de Zurraquín del municipio Cabezas del Villar ganaron alguna batalla importante; en cualquier caso, e incluso si no tiene nada que ver con el franquismo, me gusta más el nombre original de Medio Celemín.

Volví al hotel para hacer el check-out, pagar y dejar la mochila en recepción (por la noche no hay recepcionista, abre a las 8:30 h)

Volví a salir dispuesto a seguir descubriendo la ciudad y de repente cerca de la plaza del Mercado Chico, donde está el ayuntamiento y donde por cierto había mercado de frutas; me ocurrió la anécdota más relevante del día. Me abordaron una pareja de policías que tras identificarse me pidieron que formara parte de una ronda de reconocimiento en los juzgados de la ciudad. La policía me explicó amablemente que se trataba de que para que la víctima pudiera identificar al agresor tenía que haber otras personas entre las que poder descartar, a cualquiera nos puede pasar y es necesario que haya voluntarios. Aunque después capté una conversación entre los policías sobre que otro de los escogidos en un principio se había negado y le podrían haber abierto un expediente. En cualquier caso yo accedí sin reservas y me llevaron a los juzgados, concretamente a las mazmorras de los juzgados, donde junto a otros cuatro voluntarios y el sospechoso hicimos la ronda. Yo tenía el número 2. Una experiencia inquietante pero curiosa. Todos tendríamos rasgos parecidos pero mirándoles a todos ante el espejo me pareció que en realidad éramos muy diferentes. Como anécdota dentro de la anécdota, yo iba vestido con el chándal y camiseta del equipo de España de lucha de brazos y los policías se interesaron sobre el deporte.

Tras el trago volví a las calles. Algunos edificios modernistas.

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Descubrí otro escudo con el águila imperial franquista.

La catedral sigue cerrada, son las 10:25, me encamino hacia el convento de San José. En medio me hice un “autorretrato” con el verraco que se expone en la puerta de la iglesia románica de santo Tomé el Viejo (siglo XII), que forma parte el Museo de Ávila, como Almacén Visitable. Entré a ver la iglesia y el almacén.

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Ruinas de una iglesia.

Llegué al convento, visité el minimuseo, nada de interés, la iglesia primitiva

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y la principal de 1610.

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En el retablo borroco del siglo XVII descubro que ya existían las “espadas de luz” antes de Star Wars.

Volví a la plaza de Teresa y visité la iglesia románica de san Pedro (siglos XII al XIV), que afortunadamente está abierta, solo puede visitarse unos minutos antes y después de los cultos.

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Y de allí a la catedral.

Un templo muy pagano con dragones.

Sirenas y tritones.

Centauros.

Magníficos órganos.

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Tiene un pequeño museo con alguna obra interesante como esta talla del siglo XVIII.

El claustro.

Y algún obispo “putrefacto” en los que se podría haber inspirado Luís Buñuel.

Tras la catedral fui a ver el edificio principal del Museo de Ávila que se encuentra en la Casa de los Deanes, del siglo XVI. Recordaba prácticamente todo el contenido de este museo.

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Excepto la escultura contemporánea de Fausto Blázquez, de 1971.

Volví a las inmediaciones del hotel donde, buscando el museo de Teresa, descubrí la ruina de la Portada de la iglesia del hospital de santa Escolástica, gótico renacentista de 1506.

También descubrí para contrarrestar los símbolos franquistas, un escudo con muralla almenada, republicano,  en el edificio modernista de la delegación de Hacienda.

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Otro verraco en el Torreón de los Guzmanes.

No pude entrar en el museo porque cierra la puerta media hora antes del fin de las visitas, justo a las 13:00 h, pero entré a ver la iglesia, aunque como había culto no hice fotos en el interior.

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Comí en el restaurante italiano que hay junto al hotel. En recepción me pidieron un taxi y me fui a la estación. Tomé un tren a las Navas del Marqués. Estuve dando un paseo por la población. Visité el Castillo de Magalia, renacentista del siglo XVI, que solo abre los días laborables y en el que no había tenido ocasión de entrar.

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No dejan ver mucho pero sí al menos el patio de columnas.

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Y pude hacerme otro “autorretrato”

Seguí paseando y descubrí otro monumento franquista a los caídos por dios y por la patria fascista.

Después entré en la cafetería El Sauco a tomar un refresco y a las 18:00 fui a la plaza del Cristo donde había quedado con un compañero de Madrid que se inicia en la lucha de brazos. El día se coronó con un magnífico entrenamiento de lucha de brazos junto a buenos amigos, buen ambiente, camaradería y mucha fuerza. Y de vuelta a Madrid, reponer fuerzas con proteína vegetal, nachos con guacamole en el restaurante Foster’s Hollywood. Y a la cama. Un viaje muy completo.

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