LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS

LA COMUNIDAD DE LOS CORAZONES ROTOS

El domingo 12 de marzo estuvimos viendo esta película dirigida por Samuel Benchetrit.

El título adaptado en español parece inspirado en una canción de Joaquín Sabina, el título original es “Asphalte”. Se trata de una comedia que podría representarse como teatro ya que tiene pocos exteriores.

Aunque precisamente el exterior llama la atención. Se trata de un edificio abandonado, con las paredes repletas de desconchones y grafitis. Parece que estuviera a punto de ser derruido, con una grúa y un contenedor de escombros esperando a que se terminara de rodar la película.

En la comunidad habitan diversos personajes solitarios, cada uno con sus vivencias y su personalidad. Todos tienen una carencia afectiva. La actriz ha perdido a su hijo.

El joven vecino de la actriz ha perdido a su madre.

La mujer argelina tiene a su hijo en la cárcel. El astronauta se siente abandonado por su equipo de la NASA.

La enfermera (que me recordó a Verónica Forqué) siempre está triste, desconocemos la razón. Y el vecino insolidario parece víctima de las plagas divinas en castigo por su actitud insolidaria.

La verdad es que es bastante usual que en casi todas las comunidades haya un vecino del bajo o del primero que no quiera financiar el ascensor, porque no lo va a utilizar. Cuando instalaron el ascensor de mi casa en principio no creíamos que fuéramos a utilizarlo nunca, en este caso el ascensor ni siquiera para en el rellano del piso sino que para entre dos pisos, un tramo de escalera por encima del rellano. Si lo financiamos fue solo por solidaridad, sin embargo enseguida le encontramos utilidad, sobre todo cuando venimos cargados con el carro de la compra o con varias maletas.

La película incluye algunos estereotipos. Como por ejemplo cuando el astronauta llama a la puerta de la argelina y le habla en inglés, ella le pregunta “¿Es usted testigo de Jehová?” Y cuando el interlocutor de la NASA habla con la argelina le pregunta “¿Tiene usted aversión a los norteamericanos?” Me recordó los típicos formularios que nos hacen rellenar cuando viajamos a EEUU en los que encontramos preguntas tan del teatro del absurdo como “¿Tiene usted intención de atentar contra los EEUU?”

Es una película minimalista, donde se suceden una serie de situaciones reales pero en su conjunto están envueltas en un ambiente surreal. Y no solo por la inclusión del astronauta en la comunidad que me recuerda el binomio fantástico que proponía Gianni Rodari para crear historias fantásticas.

Hay otros detalles surreales, como el título de la película de la actriz, “La mujer sin brazos” que nos remite a “La cantante calva” de Ionesco.

Y también los enigmáticos sonidos que de vez en cuando interrumpen las escenas y que cada vecino atribuye a una razón diferente según su propia imaginación. Para uno es un tigre escapado de un circo, para otra son fantasmas y demonios, para otro es el llanto de un niño…

Un poema visual.

 

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