28 de Junio, Día del Orgullo Transmaricabollo

manifestación

Ayer, día 28 de junio de 2014, las transmaricabollos volvieron a manifestarse en Madrid para reivindicar el orgullo LGTB. Desde hace dos décadas la manifestación del 28J había sido relegada por la cabalgata comercial de julio, organizada por firmas comerciales y vaciada de contenido reivindicativo.

bandera arcoiris

Ayer me los encontré en Sol, con pancartas alusivas a la libertad sexual, cantando eslóganes contra la homofobia y a favor del aborto y de nuestra forma de follar, acompañados por la Batucada Que Entiende, portando un “paso“ que representaba un coño. Dos chicas y un chico subidos a la escultura del Oso y el Madroño, símbolo de la ciudad, leyeron el comunicado recordando las luchas por los derechos LGTB en todo el mundo. (Leed el manifiesto en

http://asambleatransmaricabollodesol.blogspot.com.es/2014/06/manifiesto-orgullo-indignado-2014_25.HTML

bandera republicana

También portaban banderas republicanas junto a las del arcoíris, dos banderas que por cierto se asemejan extraordinariamente. Podría incluso decirse que la del arcoíris es como una republicana “mejorada”, a la que se la han añadido tres colores entre los tres republicanos.  Ya me jorobaba que los colectivos LGTB (oficiales) se reunieran con el jefe del estado impuesto, mientras el resto de los colectivos sociales estábamos reivindicando que ese mismo jefe del estado, para ser legítimo y respetado, debe presentarse a unas elecciones libres y ser elegido por sufragio universal.

¿Qué sentido tiene reivindicar nuestros derechos si no reivindicamos nuestro derecho a ser electores y candidatos electos a la jefatura del estado?

 

El 28 de junio se conmemoran los disturbios de Stonewall (Nueva York, EE. UU.) de 1969, que marcan el inicio del movimiento de liberación LGTB. 

“A la 1:20 de la madrugada del sábado 28 de junio de 1969, irrumpieron cuatro policías vestidos de civil con dos oficiales de policía en uniforme de patrulla, el detective Charles Smythe y el subinspector Seymour Pine, entraron por la puerta principal y anunciaron su presencia a gritos. Antes habían entrado en el bar cuatro agentes de incógnito para inspeccionar, mientras el Escuadrón de Moral Pública esperaba afuera la señal. Una vez dentro, usaron el teléfono de pago del bar para avisar a refuerzos del sexto distrito. Apagaron la música y encendieron las luces principales. Había aproximadamente 200 personas en el bar esa noche. Los clientes que nunca habían experimentado una redada policial estaban desconcertados, pero algunos, reconociendo lo que estaba ocurriendo, corrieron hacia las puertas y las ventanas de los baños. La policía bloqueó las puertas y la confusión aumentó. Uno de los presentes, Michael Fader, recuerda el momento así: “Las cosas pasaron tan rápido que te quedabas sin saber nada. De repente había policías por todas partes y nos dijeron que formáramos fila y tuviéramos lista nuestra identificación para que nos llevaran afuera”.

 Stonewall_Inn_1969

La redada no sucedió como se esperaba. El procedimiento de costumbre era poner en fila a los clientes, revisar su identificación y que policías mujeres llevaran a los clientes vestidos de mujer al baño para comprobar su sexo y arrestar a cualquier hombre que estuviera vestido de mujer. Los que iban con ropa de mujer se negaron a ir con las oficiales esa noche. Los demás hombres comenzaron a negarse a mostrar su identificación. Los agentes decidieron llevar a todos los presentes a la comisaría y separaron a las transexuales y travestis en un cuarto en la parte de atrás del bar. Maria Ritter, conocida por su familia como Steve, recuerda: “mi mayor miedo era ser arrestada. Mi segundo mayor miedo era que mi fotografía estuviera en un periódico o reportaje de televisión, ¡con el vestido de mi madre!”. Tanto clientes como policías refirieron que la sensación de incomodidad creció rápidamente, agravada por unos policías que comenzaron a manosear de forma inapropiada a algunas de las lesbianas al cachearlas.

 

La policía había decidido transportar el alcohol del bar en los coches celulares. Se decomisaron veintiocho cajas de cerveza y diecinueve botellas de bebidas destiladas, pero los coches celulares todavía no habían llegado, por lo que los clientes tuvieron que esperar en fila durante unos 15 minutos. A los que no se arrestó, se les echó del bar, dejándoles en libertad, pero no despejaron el lugar rápidamente como era lo normal. La gente se quedó frente al bar y se formó una muchedumbre de personas que observaban el acontecimiento. A los pocos minutos entre 100 y 150 personas se habían congregado cerca del lugar. Algunos habían salido del bar y otros se acercaron tras ver los vehículos de policía y la muchedumbre. A pesar de que los policías echaron a algunos de los clientes a empujones y golpes, algunos clientes liberados por la policía divirtieron a los espectadores con poses y haciendo el saludo militar de manera exagerada. Los aplausos de los observadores les animaban a seguir: “Las muñecas estaban flojas, los cabellos atusados y las reacciones a los aplausos eran clásicas”.

 

El Inspector Pine recordó que cuando llegó el primer coche celular, la muchedumbre, formada mayoritariamente por homosexuales, había aumentado superando al menos diez veces el número de personas inicialmente arrestadas, y todos se callaron de repente. Debido a la confusión en las transmisiones de radio, el segundo coche celular se retrasó en llegar. Los policías empezaron a subir a los miembros de la mafia al primer coche y los espectadores vitorearon. Acto seguido, subieron a los empleados corrientes del bar al coche. Uno de los presentes gritó, “¡Poder gay!”, alguien más empezó a cantar We shall overcome (venceremos), a lo que la muchedumbre reaccionó con regocijo y buen humor, mezclado con una “hostilidad creciente e intensa”. Un agente empujó a una transexual y ésta contestó dando un golpe al agente en la cabeza con su bolso mientras los observadores empezaron a abuchear. El escritor Edmund White, que paseaba por el barrio, declaró: “Todos están inquietos, enfadados y decididos. Nadie tiene un eslogan, nadie tiene siquiera una intención, pero algo se está gestando”. La muchedumbre empezó a arrojar monedas y después botellas de cerveza al coche celular, en respuesta al rumor de que los clientes que todavía estaban dentro del bar estaban siendo agredidos.

 stonewall means

Se inició una riña cuando una mujer esposada fue escoltada desde la puerta del bar hasta un coche celular. Se zafó repetidamente y luchó contra cuatro policías, insultando y gritando, durante unos diez minutos. Descrita como una “típica marimacho neoyorquina”, había sido golpeada en la cabeza con una cachiporra, tras quejarse de que sus esposas estaban demasiado apretadas, según un testigo. Los presentes recordaron que la mujer, cuya identidad no se conoce, animó a los observadores a luchar cuando miró a los presentes y dijo, “¿Por qué no hacen algo?”. Cuando un agente la levantó y la subió al coche, la muchedumbre se convirtió en una turba y se armó el caos: “Fue en ese momento cuando el ambiente se hizo explosivo”.

 

La policía trató de contener a la muchedumbre y derribaron a algunos de los participantes, lo que encendió aún más a los presentes. Algunos de los arrestados se escaparon del furgón cuando la policía los dejó desatendidos (deliberadamente, según algunos testigos). Mientras la muchedumbre trataba de volcar la furgoneta, dos vehículos de policía y la propia furgoneta, que tenía los neumáticos pinchados, se fueron de inmediato y el Inspector Pine pidió a los agentes que volvieran lo antes posible. La conmoción atrajo a más personas que se acababan de enterar de lo que estaba pasando. Algunos participantes declararon que el bar estaba siendo acosado porque no habían pagado a los policías, por lo que alguien más gritó, “¡Paguémosles!”. Las monedas volaron por el aire hacia los policías y los rebeldes gritaron “¡Cerdos!” y “¡Polizontes maricones!”. Arrojaron latas de cerveza y los policías reaccionaron tratando de dispersar la muchedumbre. Los participantes encontraron un sitio en construcción cercano donde había pilas de ladrillos. Los policías, cuyo número era inferior al de los manifestantes, que rondaban entre 500 y 600, agarraron a varias personas, como el cantante de folk Dave Van Ronk, quien había llegado a la revuelta desde un bar vecino al Stonewall. Aunque Van Ronk no era gay, había experimentado la violencia policial cuando participó en las manifestaciones contra la guerra: “Según mi forma de pensar, cualquier persona que se opusiera a los policías estaba bien y por eso me quedé… La policía cometía constantemente atrocidades de todo tipo”. Diez agentes de policía, entre ellos dos mujeres, se atrincheraron junto a Van Ronk, Howard Smith (un periodista del The Village Voice) y varios detenidos esposados dentro del Stonewall Inn por su propia seguridad.

 

Varios relatos sobre los disturbios afirman que no había organización previa ni causa aparente para la manifestación y que lo que había ocurrido era totalmente espontáneo. Michael Fader explicó:

 

“Todos teníamos un sentimiento colectivo de que habíamos soportado lo suficiente de esta mierda. No era nada tangible que alguien le hubiera dicho a otro, era algo así como que todo lo que había ocurrido a través de los años se había acumulado en esa noche específica y en ese lugar específico, y no fue una manifestación organizada… Todos en la muchedumbre sentimos que nunca íbamos a volver. Era como el colmo. Era hora de reclamar algo que siempre se nos había arrebatado… Todo tipo de personas, todo tipo de motivos, pero más que nada era total indignación, enfado, pena, todo combinado y todo siguió su curso. Era la policía la que hacía la mayor parte de la destrucción. Nosotros realmente estábamos tratando de volver a entrar y escaparnos. Y sentimos que por fin teníamos libertad, o libertad para por lo menos demostrar que exigíamos libertad. Ya no íbamos a caminar sumisamente por las noches y dejar que se metieran con nosotros. Nos mantuvimos en nuestros trece por primera vez y eso fue lo que sorprendió a la policía. Había algo en el aire, libertad que hacía falta hacía mucho tiempo, e íbamos a luchar por ella. Se manifestó en dos formas diferentes, pero el resultado final era que no íbamos a ceder. Y no lo hicimos”

 

La única fotografía sacada la primera noche de los disturbios muestra a los jóvenes sin techo que dormían en el cercano Christopher Park, luchando con la policía. El boletín noticiero de la Mattachine Society ofreció su explicación de la causa de los disturbios un mes después: “Servía principalmente a un grupo de personas que no eran bienvenidas, o no podían costear la entrada, en otros lugares de reunión social homosexual… El Stonewall se convirtió en casa para estos chicos. Cuando fue atacada, lucharon por ello. Eso, y el hecho de que no tenían nada que perder salvo el lugar más tolerante y de mente más abierta de la ciudad, explican el porqué”.

 

Fueron arrojados contra el edificio contenedores de basura, basura, botellas, piedras y ladrillos, por lo que se rompieron las ventanas. Los testigos afirman que las transexuales, los “maricas con pluma”, chaperos y “chicos callejeros” gais, es decir, las personas más marginadas de la comunidad gay, fueron los responsables de la primera descarga de proyectiles y de arrancar un parquímetro que utilizaron como un ariete contra las puertas del Stonewall Inn. Sylvia Rivera, mujer transexual y posteriormente activista LGBT que había estado dentro del Stonewall durante la redada, vestida de mujer, recordó: “Nos habéis tratado como mierda todos estos años, ¿no? ¡Ahora nos toca a nosotros!… Fue uno de los momentos más grandes de mi vida”. Los manifestantes prendieron fuego a la basura y la tiraron por las ventanas rotas mientras la policía usaba una manguera contra los incendiarios. Como la manguera no tenía presión no servía para dispersar a la muchedumbre y parecía solamente animarla.

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Cuando los manifestantes atravesaron las ventanas (que habían sido cubiertas con contrachapado por los propietarios del bar para disuadir a la policía de asaltar el local) los policías que estaban en el interior sacaron sus pistolas. Las puertas fueron abiertas de par en par y los agentes apuntaron con sus armas a la masa furiosa, amenazando con disparar. El escritor de The Village Voice, Howard Smith, que se encontraba en el interior del bar con la policía, tomó una llave inglesa del bar y se la metió en los pantalones, sin saber si la usaría contra la policía o contra la masa. Vio cuando alguien echó un chorro de combustible dentro del bar y le prendió fuego mientras la policía apuntó, en ese momento se escucharon sirenas y llegaron los bomberos. El disturbio había durado 45 minutos.

 

La fuerza antidisturbios (Tactical Police Force, TPF) del departamento de policía de la ciudad de Nueva York llegó para liberar a los policías que se encontraban dentro del Stonewall. Un oficial tenía un corte en un ojo y otros cinco resultaron heridos por los escombros que volaban. Bob Kohler, que se encontraba paseando a su perro cerca de Stonewall esa noche, vio como llegaba la TPF:

 

“Había estado en suficientes disturbios como para saber que la diversión había terminado… La policía estaba totalmente humillada. Eso nunca había sucedido. Estaban más enfadados que nunca, porque todo el mundo se había amotinado… se suponía que los maricas no se podían rebelar… en el pasado, ningún grupo había obligado a la policía a batirse en retirada, por lo que su furia era enorme. Quiero decir, querían matar…”.

 

Con más efectivos, la policía detuvo a los que pudo y metió a los detenidos en coches patrullas rumbo a la prisión, aunque el inspector Pine apunta que “se desataron luchas con los travestis, que no querían ir dentro del coche patrulla”. Un testigo que estaba en la calle confirmó esa versión, diciendo que “todo lo que pude ver sobre quienes estaban luchando es que eran travestis y estaban luchando furiosamente”.

 

Los antidisturbios se formaron en falange e intentaron despejar las calles marchando despacio y dispersando a la multitud. La turba se burló abiertamente de la policía. La multitud se animó, comenzó a improvisar líneas de cancán y a cantar la melodía del The Howdy Doody Show con la siguiente letra: “Nosotras somos las chicas de Stonewall / Nuestro pelo es rizado / No llevamos ropa interior / Mostramos nuestro vello púbico”. Lucian Truscott informó en The Village Voice: “La situación estancada provocó que algunos gais bromearan, haciendo una formación en forma de coro frente a la línea policial, que iba pertrechada de cascos y porras. Cuando la fila estaba en pleno baile, la TPF avanzó de nuevo y dispersó la masa de personas, llena de poderosos gais que no cesaban de gritar desde Christopher hasta la Séptima Avenida”. Un participante que había estado en el Stonewall durante la redada recuerda que “la policía se abalanzó hacia nosotros y en ese momento me di cuenta de que eso no era bueno, porque me dieron en la espalda con una porra”. Otro relato decía: “Es que no puedo quitarme esa visión de la cabeza. Los policías con porras y la fila del coro en el otro lado. Fue de lo más increíble… Y de pronto esa fila del coro, que supongo era una parodia del machismo… Creo que fue en ese momento cuando sentí ira. Porque la gente estaba siendo golpeada con porras. ¿Y por qué? Por una fila de un coro”.

 

Christopher Park, lugar en el que los manifestantes se reunieron tras la primera noche de disturbios para hablar sobre lo sucedido. Tiene ahora una escultura con cuatro figuras blancas creadas por George Segal, que conmemoran el acontecimiento.

Craig Rodwell, propietario de la librería Oscar Wilde Memorial (ubicada en la misma manzana del Stonewall Inn, un poco más abajo de la calle) informó haber observado a policías perseguir a manifestantes por las estrechas calles, para luego verlos aparecer por la siguiente esquina detrás de la policía. Los miembros de la masa detenían coches, volcando uno para bloquear la calle Christopher. Jack Nichols y Lige Clarke, en su columna publicada en Screw, declararon que “hordas de manifestantes furiosos les persiguieron [a la policía] por varias manzanas, gritando ‘¡Cogedlos!'”.

 

Sobre las 4:00 de la madrugada, las calles se habían vaciado casi por completo. Muchas personas se sentaban en escalinatas o se concentraron cerca de Christopher Park a lo largo de la mañana, un poco aturdidos ante lo que había sucedido. Muchos testigos presenciales recuerdan el silencio  inquietante que descendió sobre Christopher Street, aunque “el ambiente [continuaba] electrizado”. Uno comentó: «Había cierta belleza en los momentos posteriores a los disturbios… Era obvio, por lo menos para mí, que mucha gente era gay de verdad y, sabes, esta era nuestra calle». Habían sido detenidas trece personas. Algunos de los manifestantes fueron hospitalizados, y cuatro policías resultaron heridos. Casi todo lo que había en el interior del Stonewall Inn fue destruido. El inspector Pine tenía la intención de cerrar y desmantelar el Stonewall Inn esa misma noche. Cabinas de teléfono, aseos, espejos, jukeboxes y máquinas expendedoras de tabaco fueron destrozadas, posiblemente en los disturbios y posiblemente por la policía.

 

Durante el sitio a Stonewall, Craig Rodwell llamó al The New York Times, al The New York Post y al The New York Daily News para informarles de lo que sucedía. Los tres periódicos cubrieron los disturbios; The New York Daily News incluso puso la noticia en su primera página. Las noticias sobre los disturbios se extendieron rápidamente por todo Greenwich Village, alimentadas por los rumores de que habían sido organizados por los Students for a Democratic Society, los Black Panthers o incluso que fueron causados por “un policía homosexual cuyo compañero de piso se fue a bailar al Stonewall contra sus deseos”. Durante todo el sábado 28 de junio la gente acudió a ver el Stonewall Inn, chamuscado y pintarrajeado. Aparecieron grafitis en las paredes del bar, tales como “Drag power” (poder drag), “They invaded our rights” (invadieron nuestros derechos), “Support gay power” (apoya el poder gay) y “Legalize gay bars” (legalicen los bares gays), junto con acusaciones de saqueo a los policías e informando sobre el estado del bar: “Estamos abiertos”.

 

La noche siguiente los disturbios volvieron a la calle Christopher. Los participantes recordarían de distinta manera qué noche fue la más violenta o frenética. Regresaron muchos que habían participado la noche anterior (transexuales, chaperos, jóvenes de las calles, “reinas”), pero se les unieron provocadores policiales, curiosos e incluso turistas. Lo más destacable para muchos fue la repentina exhibición de afecto homosexual en público, tal como describe un testigo: “De ir a lugares en los que había que llamar a una puerta y hablar con una persona a través de una mirilla para poder entrar. Sencillamente estábamos fuera. Estábamos en las calles”.

 

Miles de personas se reunieron enfrente del Stonewall, que había abierto de nuevo, atascando la calle Christopher, hasta que la marea de gente comenzó a ocupar también las calles adyacentes. La masa rodeó autobuses y coches instando a sus ocupantes a que admitieran que eran gais o que apoyaban a los manifestantes. Sylvia Rivera vio a una amiga suya saltar encima de un coche cercano que intentaba atravesar la zona, la marea de gente movió el coche de un lado para otro. Otra de las amigas de Rivera, Marsha P. Johnson, trepó a una farola y soltó una pesada bolsa en el capó de un coche de policía, rompiendo el parabrisas. Como en la tarde anterior, se quemaron contenedores de basura por todo el barrio. Más de cien policías acudieron de las comisarías 5, 6 y 9, y sobre las dos de la madrugada se presentó la policía antidisturbios. Se sucedieron las persecuciones policiales y, cuando los policías capturaban a los manifestantes, descritos por la mayoría de testigos como “maricas” o “falderos”, la masa se lanzaba para soltarlos. Hubo una batalla callejera hasta las 4 de la madrugada.

 

El poeta beat y residente en Greenwich Village Allen Ginsberg, que vivía en la calle Christopher, se encontró con el jubiloso caos. Tras averiguar que los disturbios habían tenido lugar la tarde anterior, dijo, “¡Poder gay! ¡No es fantástico! Ya era hora de que hiciéramos algo para reafirmarnos a nosotros mismos”, y visitó el Stonewall Inn (ya abierto) por primera vez. Mientras regresaba a casa, dijo a Lucian Truscott, “Sabes, los chicos allí estaban tan guapos, habían perdido esa mirada herida que todos los maricas tenían hace diez años”.

 

Durante el lunes y el martes siguientes la actividad en el Greenwich Village fue esporádica, en parte debido a la lluvia. La policía y los residentes mantuvieron algunos altercados, ya que los dos grupos no cesaban de enfrentarse. Craig Rodwell aprovechó la oportunidad para imprimir y distribuir cientos de panfletos que decían: “Sacad a la mafia y a los policías de los bares gais”. Los panfletos llamaban a los gais a regentar sus propios establecimientos, a boicotear el Stonewall Inn y otros bares propiedad de la mafia, y apelaban a la opinión pública para que ejerciesen presión sobre el alcalde para que este investigase la “situación intolerable”.

 

El miércoles, para empeorar la situación, The Village Voice incluyó reportajes sobre los disturbios, escritos por Howard Smith y Lucian Truscott, acompañados de descripciones poco agraciadas de los sucesos y sus participantes: “afeminados” (limp wrists) y “locas domingueras” (Sunday fag follies). Una masa de gente marchó de nuevo por Christopher Street y amenazó con quemar las oficinas del The Village Voice. En esa misma manifestación, de entre 500 y 1.000 personas, se encontraban otros grupos que habían tenido anteriormente enfrentamientos sin éxito con la policía y que tenían curiosidad por ver cómo la policía era derrotada en esta ocasión. Tuvo lugar otra explosiva batalla callejera con igualdad de heridos entre manifestantes y policías, saqueos en las tiendas locales y el arresto de cinco personas.90 91 Los incidentes del miércoles por la tarde duraron una hora aproximadamente y fueron resumidos de esta forma por un testigo: “Se ha corrido la voz. Christopher Street será liberada. Los maricas se han hartado de la opresión”.

 January 1967 Los Angeles Black Cat Tavern Raid

La sensación de urgencia se extendió por Greenwich Village, incluso entre aquellos que no habían presenciado los disturbios. Muchos de los que se habían sentido conmovidos por la rebelión asistieron a reuniones organizativas, al intuir una oportunidad para entrar en acción. El 4 de julio de 1969 la Mattachine Society realizó su piquete anual delante del Independence Hall de Filadelfia, llamado Recordatorio anual. Los organizadores, Craig Rodwell, Frank Kameny, Randy Wicker, Barbara Gittings y Kay Lahusen, que habían participado durante varios años, tomaron un autobús junto a otros manifestantes desde la ciudad de Nueva York hasta Filadelfia. Desde 1965 estas manifestaciones habían sido muy controladas: las mujeres llevaban falda y los hombres traje y corbata y todos caminaban tranquilamente en filas organizadas. Ese año Rodwell recordó que se sentía prisionero de las normas que había establecido Kameny. Cuando dos mujeres se cogieron de la mano espontáneamente y Kameny las separó, diciendo: “¡Nada de eso! ¡Nada de eso!”. Rodwell convenció a diez parejas para que se cogieran de la mano. Estas parejas hicieron que Kameny se enfureciera, pero generaron más atención que todas las manifestaciones previas. La participante Lilli Vincenz recordaba que, “Estaba claro que las cosas estaban cambiando. Las personas que se habían sentido oprimidas ahora se sentían revitalizadas”. Rodwell regresó a la ciudad de Nueva York resuelto a cambiar las formas tranquilas, calladas y tímidas de llamar la atención. Una de sus primeras prioridades fue planificar el Día de la liberación de Christopher Street”

 

Información tomada de Wikipedia

http://es.wikipedia.org/wiki/Disturbios_de_Stonewall

 

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