AL NACER EL DÍA, Injusticias intemporales

AL NACER EL DÍA, Injusticias intemporales

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Hoy, viernes 28 de febrero, hemos ido a los Cines Princesa a ver esta película serbia dirigida por Goran Paskaljevic.

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Por primera vez en el cine un director se acuerda de que los nazis no sólo exterminaron judíos, sino también gitanos ¿para cuándo una película que denuncie que los nazis también exterminaron homosexuales? Una de tantas injusticias intemporales.

Como la historia del propio protagonista que fue dado en adopción “temporalmente”, o la de la refugiada que llegó a Belgrado “temporalmente”, o la del hijo del cantante que fue forzosamente alistado “temporalmente” en la guerra de 1992.

La imagen del protagonista buscando un lugar donde dejar flores a sus padres me ha recordado el drama de las miles de víctimas del exterminio franquista, que siguen buscando a sus familiares asesinados y enterrados en fosas comunes para poder darles sepultura digna.

Y la denuncia al gobierno que no ha erigido un monumento en el lugar donde fueron asesinadas tantas personas. Como en España se niega a financiar las exhumaciones. O inhabilita a un juez por intentar investigar los crímenes.

La temporalidad, el tiempo, que genera una brecha generacional entre el protagonista y su propio hijo. Y su sucesora en la dirección del coro. El tiempo que tiende a que el pueblo olvide su historia. Se repiten los mismos crímenes y siguen impunes.

Y muy necesario es recordarlo, porque con la excusa de la crisis mundial están reapareciendo los partidos nazis y ganando votos y adeptos en todo occidente.

Es una película coral, un coro de injusticias intemporales que el director denuncia repetitivamente e incansablemente, a modo de canon, del principio al fin del metraje. Y la música que ayuda a superar las injusticias.

Al margen de esto, me ha llamado la atención una escena que me ha recordado a mi amigo el fallecido pintor lisboeta Mario Cesariny. En un viaje a Cuenca, Mario entró en la catedral con la boina puesta porque tenía frío. El sacerdote le instó a quitársela lo que nos pareció una intromisión impertinente ya que no estábamos asistiendo a un acto religioso, sólo queríamos ver la catedral como visita cultural. En la sinagoga, por el contrario, instan al protagonista a cubrirse, a pesar de que él confiesa que no sabe si es judío. Me ha resultado curiosa la disparidad de criterios.

Otra escena que me ha gustado mucho ha sido la del caballo besando al protagonista, me ha recordado cuando estuve en Toro visitando a unos familiares y me llevaron a ver unos caballos, enseguida descubrí lo cariñosos que eran, cómo les gustaban que los acariciaran.

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Y una frase surrealista: “Damos leche a los cerdos y vendemos las vacas”. De un lirismo paranoico-crítico.

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El trailer:

Una película imprescindible.

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