“Insumisión, una forma de vida”

“Insumisión, una forma de vida”

insumisión

El jueves 24 de octubre, día de la huelga en educación, convocamos una concentración reivindicativa en el intercambiador de Aluche, estuvieron, por primera vez, varias madres que conocía de mi colegio vinculadas con el AMPA, una profesora de mi colegio (aparte de mí), tuvimos un aperitivo solidario, llevamos los instrumentos de nuestra batucada y puse la mesa de votaciones de la consulta por la escuela pública.

Pero, para mí, lo mejor fue que Yolanda y Howard me llevaron el libro que les había encargado. Howard se puso en contacto con José Manuel, del MOC de Carabanchel, a través del coro que dirige José Manuel.

Comencé la lectura en cuanto me monté en el metro de vuelta a casa, y entre ayer y esta mañana me lo he terminado. No es muy grueso, solo 147 páginas de las que muchas son ilustraciones con documentos y recortes de prensa de algunas de las acciones reivindicativas antimilitaristas.

Ya existían algunas publicaciones sobre la base antimilitarista de la objeción de conciencia y la insumisión, en la bibliografía de este libro hay reseñados 23 libros, más 12 publicaciones pertenecientes al Dossier Desobediencia Civil del MOC de Valencia.

Pero este es un libro especial porque nos relata experiencias, también hay discurso político, antimilitarismo, pero sobre todo experiencia. Y para mí es especial porque yo participé en esta inmensa experiencia de la insumisión, primero objetando, luego renunciado para volver a reobjetar, autoinculpándome con otros insumisos, siendo juzgado y condenado aunque no llegué a ingresar en prisión, militando en el movimiento de objeción de conciencia, participando en las acciones, encadenamientos, acampadas, manifestaciones, manifiestos… Es mi vida lo que se cuenta en este libro. Lo he leído emocionado y orgulloso.

Quiero compartir tres apuntes del libro.

Empiezo con una discrepancia, tras hablar de las cartas al arzobispado de Madrid y a la conferencia episcopal pidiéndoles que los capellanes no bendijeran la violencia en las iglesias castrenses, y que renunciaran a acoger prestacionistas por ser una forma de colaboración con el militarismo.

“También recibimos la callada por respuesta.

Por eso nos extraña que ahora defiendan con tanto ardor el objetar en conciencia contra la asignatura de “Formación para la Ciudadanía”, cuestión baladí si lo comparamos con la lucha que mantenían nuestros hijos objetores insumisos” (página 83)

Bueno, no creo que sea en absoluto baladí, de hecho forma parte de la misma ideología militarista de estas instituciones: apoyan al ejército, apoyan la violencia y la lucha armada como método válido y eficaz para resolver conflictos, rechazan los medios de la desobediencia civil como la insumisión, pero también rechazan los derechos humanos, los derechos igualitarios para las personas homosexuales, incluso dentro de su propia iglesia niegan el derecho de las mujeres al sacerdocio, y desde luego el derecho a la maternidad libremente decidida y responsable. Todo esto es lo que incluye la asignatura de Educación para la Ciudadanía”.

No quieren que enseñemos a nuestro alumnado que son personas con derechos y deben luchar por ellos enfrentándose a las injusticias como hicimos los insumisos. Por eso creo que no es baladí, la educación es la pieza clave de que se ha servido siempre el poder establecido para someter a las masas. Por eso hay que enseñar al alumnado a obedecer, pero mejor que no les enseñemos a reflexionar sobre las órdenes que se les dan. Por eso los maestros y maestras antimilitaristas rechazamos la LOMCE del PP, que ha eliminado la educación en valores, la educación para la ciudadanía, que nos propone una educación más competitiva, menos solidaria, más elitista, más militarista en resumen.

La segunda reflexión es sobre el manifiesto fechado en 1994, que leyeron las madres en el Juicio Social a los ejércitos.

“No queremos que se nos imponga una defensa armada, porque lo que nosotras queremos es nuestro derecho a trabajar dignamente –que nos lo están quitando-, el derecho a una vivienda digna –que nos niegan-, el derecho a una cultura igualitaria –que solamente llega a unos pocos-, el derecho a comer –medio mundo muere de hambre-, el derecho a vivir conforme a nuestras ideas, que por ello encarcelan y castigan a nuestros hijos” (página 102)

Y resalto que está fechado en 1994 porque me resulta asombrosa esta predicción de la situación en que nos encontramos actualmente, veinte años después, con cientos de desahuciadas, reformas laborales que han acabado con cualquier atisbo de dignidad laboral (sin contar el paro tan alarmante), decretos y leyes educativas que excluyen a quienes tienen menos recursos económicos, gente que busca comida en la basura en las grandes ciudades españolas… Llego a pensar que la profesionalización de los ejércitos fue el primer paso de este impresionante desmantelamiento del estado del bienestar. Que fue realmente la primera gran reforma laboral que consiguió prácticamente anular la disidencia, a la vez que se presentaba como una oportunidad laboral para los más desfavorecidos. A la vez que una oportunidad para llevar a los más desfavorecidos a las guerras como carne de cañón. Desde entonces vemos stands del ejército en todas las ferias de material escolar, de ocio juvenil, ferias del libro…

La última reflexión la voy a hacer sobre el discurso de Pepe Beúnza que cierra el libro. Es un hombre al que no he llegado a conocer personalmente pero que admiro desde que en 1982 descubrí y asumí la objeción de conciencia y el antimilitarismo como forma de vida.

“Dicen que no hay dinero, pero nosotros sabemos dónde está. Es un escándalo que hay que denunciar con todas nuestras fuerzas. Con la cuarta parte de lo que el mundo gasta en armamento se pondrían eliminar los problemas básicos de la humanidad.

El eslogan. “menos armas, más escuelas” o “gastos militares para gastos sociales”, tenía vigencia cuando empezamos en 1971 y lo sigue teniendo ahora con mucha más razón” (página 144)

Ahora podemos oír en todas las manifestaciones “No es una crisis, es una estafa”. Cada vez estoy más convencido de que los poderes fácticos se han inventado el concepto “crisis mundial” para acabar con los derechos laborales y sociales de la ciudadanía. Sabemos dónde está el dinero, lo tiene el militarismo, también los partidos antidemócratas como el PP de Bárcenas o de Merkel, la banca, la jerarquía eclesiástica… O sea los de siempre. Hace falta ya una desobediencia civil general.

Reseña que publiqué anteriorente en el blog Pazuela:

http://pazuela.wordpress.com/2013/09/16/insumision-una-forma-de-vida/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: