Suprema injusticia, de María Garzón

Suprema injusticia, de María Garzón

‘citando a Enmanuel Kant, dijo que

“el tribunal del hombre es su conciencia”

(página 124)

En Úbeda, ciudad patrimonio de la humanidad, he estado leyendo este libro, de la editorial Planeta, escrito, casi gritado, por la hija del juez más comprometido de la historia de la democracia española.

Durante muchos años el nombre del juez Garzón estuvo ligado a la lucha judicial contra E.T.A. y su entorno abertzale. Miembros de dicho entorno solía participar de manifestaciones antimilitaristas, contra la Otan y las bases militares, contra las centrales nucleares… En ese entorno había leído alguna octavilla que criticaba al juez por impedirles defender su “derecho a la autodeterminación”. Y la verdad es que en entornos institucionales siempre se ha dicho que la lucha armada no tiene sentido en democracia porque cualquier ideal político se podía defender en los parlamentos, sin embargo cuando algunos políticos vascos y catalanes lo han intentado se les ha descalificado y se les ha llegado a acusar de antidemocráticos.

El caso es que tenía una imagen negativa del juez hasta que admitió a trámite la querella de los familiares de víctimas del franquismo. Este libro me ha mostrado una imagen más completa, más objetiva (a pesar de toda la subjetividad que puede poner una hija en su defensa) y más humanista del juez.

cuando Aurorita pregunte por qué su abuelo sale en la tele,

le diré, con orgullo,

porque es un trabajador, un gran juez,

un humanista…” (página 106)

Participé de las concentraciones diarias que tuvieron lugar ante la Audiencia Nacional mientras se juzgada al juez, unos días éramos cuatro, otros éramos 50, otros 300… nunca llegamos a ser una multitud, pero, estuvimos gritando y caminando bajo la lluvia, portamos carteles a favor de la justicia, cortamos la calle…

Después han seguido las concentraciones en Sol, reconozco que perdí la asiduidad aunque de vez en cuando me acerco y me sumo a las vueltas y revueltas con parada ante la sede de la Comunidad de Madrid, donde se recuerda que en ese local se ha torturado y se ha encarcelado a inocentes. Recuerdo que fue la primera comisaría que pisé en Madrid cuando como activista del Movimiento de Objeción de Conciencia ocupamos el Ministerio de Justicia en la calle San Bernardo y algunos compañeros se subieron al balcón para colgar una pancarta contra la conscripción militarista, un grupo de objetores y objetoras estuvimos en el calabozo, poco tiempo, nos soltaron y volvimos al lugar de la acción a bloquear los furgones de la policía cuando intentaban llevarse a nuestros compañeros. El policía de turno soltó una perla que nunca olvidaré: “En este barrio ya tenemos bastante con las putas, los chulos y los maricones para que ahora vengáis los objetores”.

Ahora soy seguidor del grupo de Facebook “Proponemos el Premio Nobel para Baltasar Garzón”:

http://www.facebook.com/#!/groups/nobel.baltasargarzon/

y de la página “Investigar no es prevaricar, yo también apoyo al juez Garzón”:

http://www.facebook.com/#!/pages/INVESTIGAR-NO-ES-PREVARICAR-YO-TB-APOYO-AL-JUEZ-GARZ%C3%93N/115587131801173

Parece que a su hija no le gusta que veamos a Garzón como hombre socialista, considero que toda persona, en democracia, es libre de militar, representar o sentirse parte de una ideología. Cuando luchábamos contra la Ley de Objeción de Conciencia, el gobierno del PSOE llevó a la cárcel a muchos insumisos, después el gobierno del PP implantó el ejército profesional y los insumisos salieron de la cárcel. Sin embargo yo he votado al PSOE, y lo ha defendido especialmente en las últimas elecciones cuando estaban en juego las leyes más progresistas que este país ha tenido en relación a matrimonios homosexuales, aborto, educación para la ciudadanía, protección de mujeres maltratadas, etc. Un hombre comprometido con la justicia tiene que ser socialista. Precisamente la mayoría de los crímenes del franquismo se cometieron contra personas que no tenían ideas políticas, pero eran casualmente denunciadas como rojas (esto lo he oído en la película “La voz dormida” de Benito Zambrano).

Me gustaría transcribir solo algunos datos que María destaca en el libro y por los cuales Garzón merece el Premio Nobel de la Paz, aunque para mí la razón más importante por la que lo merece es por la defensa de las víctimas del franquismo que le ha costado el puesto:

Pacifista declarado:

“Mi padre, pacifista declarado, me ha contado en numerosas ocasiones que no entendía cómo para el Estado podía ser más importante hacer la instrucción militar y aprender el manejo de las armas que trabajar como él lo estaba haciendo, ya entonces sin horas ni descanso, como juez de primera instancia e instrucción y ayudando a quienes acudían a su juzgado pidiendo justicia” (página 24)

Dictadura Argentina:

“Aquellos días comencé a interesarme en profundidad por estos temas al oír los duros relatos sobre torturas, robos de niños, desapariciones, ‘traslados’, y ‘vuelos de la muerte’ que mi padre, impactado por la crudeza de los testimonios, compartía en casa. Así fui conociendo el interior de las consecuencias de una dictadura, la crueldad de los verdugos, el desamparo de las víctimas, la falta de justicia y lo que deriva de la impunidad, y comprendí la obsesión del juez Garzón por la defensa de aquellas y por qué guarda en su despacho multitud de recuerdos relacionados con sus investigaciones” (página 38)

Guerra de Irak:

“Con motivo de la guerra de Irak, leí junto a él un discurso en la Puerta de Alcalá de Madrid. Esto le impidió acceder a la presidencia de la Sala Penal de la Audiencia Nacional” (página 51)

Crímenes del franquismo:

“En una ocasión me contó que, saliendo de la Audiencia, un agente de uniforme se puso a cantarle el ‘cara al sol’ y a llamarle ‘rojo’ por investigar los crímenes del franquismo” (página 58)

Proceso de Paz en Colombia:

“Desde mayo de 2011 presta sus servicios como asesor en la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, en el área de justicia transicional, restitución de tierras, violencia de género y contra los pueblos indígenas y afrodescendientes” (página 127)

A María no le parece bien que se le considere un juez estrella, yo, parafraseando el título de la emblemática escultura de Alberto Sánchez, considero que “el pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella”, especialmente ese pueblo que perdió la guerra hace 70 años y aún no ha recuperado los cuerpos de sus familiares muertos, ni se les ha restituido su dignidad por haber defendido la legalidad democrática frente al militarismo dictatorial.

Recomiendo la lectura, es reconfortante y obliga a pensar.

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