QUE 20 AÑOS NO ES NADA (7 de febrero)

Nos conocimos un 7 de febrero de 1990, ahora cumpliríamos 20 años. Decía Gardel que “veinte años no es nada” (*). Yo tenía entonces 26 años, estos otros veinte años han sido para mí toda una vida.

En el capítulo X del poemario “Los caminos del Hombre de Azogue” (**) describía, identificándome con el Hombre llamado Jardín, los primeros veinte años de mi vida como  años grises. El color entró en mi corazón el 7 de febrero de 1990, el color, el calor y la esperanza en que “otra vida es posible”.

En estos veinte años he pasado de mal-nutrirme, a estar bien alimentado y frecuentar el gimnasio, de ocupar una mísera habitación alquilada en una calle de putas a vivir en un hogar decente y amplio junto al Palacio Real,  de no tener más conocidos que los compañeros de penurias a contar con amistades sólidas de personas relacionadas con el mundo de la cultura, el arte la poesía, la medicina…

En estos veinte años he pasado de buscarme la vida con trabajos degradantes, a tener mi plaza como maestro funcionario de carrera en la escuela pública.

Sobre los trabajos degradantes, recuerdo una conversación con un amigo, hice un comentario a la ordenanza que había dictado el ayuntamiento de Madrid prohibiendo los “hombres anuncios” porque según el ayuntamiento era un trabajo denigrante, yo he pasado por “trabajos” mucho peores, como vender llaveros franquistas a comisión, en plena campaña de insumisión.

Recuerdo también que en nuestro viaje a Cuba, alquilamos un bici- taxi, al ver al pobre joven que pedaleaba arrastrándonos a Manolo y a mí, Manolo comentó que le parecía un trabajo denigrante, yo le respondí que ningún trabajo era denigrante, dependía de lo bien o mal remunerado que estuviera, en ese caso posiblemente estábamos pagándole mucho más de lo que ganaría un licenciado en su país. Tal vez yo miraba con diferentes cristales mi experiencia y la de los demás. Realmente hay “trabajos” que no importa lo que te paguen, la dignidad no se paga con dinero.

En definitiva, en estos veinte años he pasado de malvivir a vivir.

Para mí, estos años lo han sido TODO. Nada habían sido los primeros veinte seis años.

Desde que se apagó la vida de Manolo, hace año y medio, mi vida ha perdido color, por momentos me invade la melancolía y la tristeza. Es muy difícil que pueda encontrar una persona como Manolo para volver a iniciar una vida de pareja,  he vuelo a la promiscuidad, por veces incluso peligrosa.

Pero, por supuesto, soy consciente de que no hay pena que mil años dure, aunque no pueda llenar mi vida, al menos puedo dignificarla con un buen trabajo, unos amigos cercanos y seguros, una actividad deportiva… Manolo me enseñó a disfrutar de actividades culturales, de los restaurantes, de los viajes… Ahora vivo.

(*) VOLVER, Carlos Gardel

 

Yo adivino el parpadeo

de las luces que a lo lejos

van marcando mi retorno…

Son las mismas que alumbraron

con sus pálidos reflejos

hondas horas de dolor..

 

Y aunque no quise el regreso,

siempre se vuelve al primer amor..

La vieja calle donde el eco dijo

tuya es su vida, tuyo es su querer,

bajo el burlón mirar de las estrellas

que con indiferencia hoy me ven volver…

 

Volver… con la frente marchita,

las nieves del tiempo platearon mi sien…

Sentir… que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada, errante en las sombras,

te busca y te nombra.

Vivir… con el alma aferrada

a un dulce recuerdo

que lloro otra vez…

 

Tengo miedo del encuentro

con el pasado que vuelve

a enfrentarse con mi vida…

Tengo miedo de las noches

que pobladas de recuerdos

encadenan mi soñar…

 

Pero el viajero que huye

tarde o temprano detiene su andar…

Y aunque el olvido, que todo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde

que es toda la fortuna de mi corazón.

 

Volver… con la frente marchita…

(**) “El Hombre llamado Jardín había nacido en plena revolución social, pero nunca lo supo. Llegaron los primeros turistas a las playas, pero él vivía en el interior y nunca los vio.  Sus padres viajaban empleados en un teatro ambulante, pero él se quedaba en el pueblo. En la capital se hablaba de cambios políticos, de música estridente, de sexo sin fronteras. Pero él nunca lo oyó. Los primeros 20 años de la vida del Hombre llamado Jardín fueron grises. Infancia, adolescencia y juventud fueron grises. Era un hombre gris como los de la historia de Momo de Michael Ende.”

https://floredo.wordpress.com/2009/11/21/capitulo-x-infancia-adolescencia-juventud/

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