(Pido el pez y el taladro) Al alba

Sigo golpeando tu rostro de cadmio,

de luz, de viento, de albatros

y ya sangran con desgarro mis nudillos.

 

No gritas, no lloras, no protestas

y sigo maltratando tu belleza

sin lunas, sin paz, sin reflejos.

 

Tu mirada no me inspira compasión,

no te cubres, no te defiendes

ni retrocedes, ni alzas tu brazo contra dios.

 

Destruyo sin corazón tu coraje

de mar, de abrigo, de paciencia,

de silencio extraviado.

 

De tu nariz partida

brota un rayo de sangre,

recorre tus labios de estaño

y tu viril mentón de barco.

 

Y un último puñetazo al alba

consigue despertar tu voz:

“Amigo, dame agua”,

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