EL ESTUDIO DE UNA PROTEÍNA ABRE ESPERANZAS CONTRA LA METÁSTASIS

Los artículos sobre los avances científicos para tratar el cáncer tienen para mí valor cultural, pero sobre todo emocional.

Hace unos días daban a Joan Massagué el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Biomedicina,

https://floredo.wordpress.com/2009/06/18/joan-massague/

y hoy, martes 23 de junio de 2009, en El País, sección “sociedad”, encontramos un amplio reportaje firmado por Malen Ruiz de Elvira, sobre la metástasis.

EL ESTUDIO DE UNA PROTEÍNA ABRE ESPERANZAS CONTRA LA METÁSTASIS

La sustancia impide el escape de células tumorales por los vasos sanguíneos

Malen Ruiz de Elvira – Madrid – 23/06/2009

La lucha contra la metástasis, la diseminación del cáncer a otros órganos diferentes del originalmente afectado, se ha convertido en el frente de investigación oncológica más activo. Los intrincados mecanismos celulares se interrogan en detalle para ver cómo se puede frenar el peligroso viaje de las células cancerosas por el torrente sanguíneo para colonizar otros lugares del cuerpo. Si no hay metástasis es mucho más fácil curar o cronificar un tumor porque el 90% de las muertes atribuidas al cáncer se debe a su diseminación a órganos vitales como el pulmón, el hígado, los huesos o el cerebro en un proceso que puede durar años sin ser advertido.

En los últimos años se han identificado genes implicados en la metástasis del cáncer de mama hacia el pulmón y asimismo genes que pueden facilitar la entrada de las células cancerosas en el cerebro, y micromoléculas que parecen proteger al organismo de esa diseminación. También se han dirigido grandes esfuerzos a intentar evitar la creación alrededor de los tumores de nuevos vasos sanguíneos, la vía de escape de las peligrosas células tumorales. Normalmente, son hallazgos negativos, favorecedores de la metástasis. Ahora llega una noticia positiva, una nueva vía de investigación, con la identificación de una proteína que actúa, en modelos animales, como un inhibidor de la diseminación de las células cancerosas y lo hace por una vía novedosa.

La proteína tiene un nombre difícil -prosaposina- y no es nueva para los bioquímicos. “Se identificó en 1989 y luego se relacionó con el metabolismo de los lípidos”, explica José Miguel López Novoa, catedrático de Fisiología en la Universidad de Salamanca. Más tarde se ha localizado en muchos otros procesos del cuerpo, incluso en la leche humana, pero nunca se había relacionado con la metástasis.

El descubrimiento lo anuncian científicos estadounidenses y noruegos en la revista Proceedings de la Academia de Ciencias de Estados Unidos. Han encontrado que algunos tumores inducidos de próstata y de mama que resultan no ser metastásicos producen grandes cantidades de esta proteína, y al revés. Aa través de una cascada de activaciones, que incluye el conocido supresor tumoral p53, la proteína estimula la producción de un inhibidor natural de la angiogénesis (la formación de nuevos vasos sanguíneos). Los investigadores también han hecho el proceso contrario: inyectar prosaposina junto a células tumorales muy agresivas en ratones y han visto que apenas se formaban metástasis en el pulmón.

Todo el proceso tiene lugar no sólo en los alrededores del tumor primario sino también en células (fibroblastos, concretamente, en los tejidos) situadas en lugares del cuerpo alejados de éste, que se preparan para impedir que las células aniden en ellos. “Parece, por los experimentos, que previene la metástasis”, explica Roger Gomis, experto en este tema del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona (IRBB). “Es como si se vertiera aspirina en la canalización de agua de una ciudad, terminaría difundiéndose y se quitarían los dolores de cabeza”.

El trabajo es interesante porque hay pocos de este tipo, indica Gomis. La patente ya está solicitada, por si el hallazgo se tradujera, en un futuro todavía lejano, en un nuevo tratamiento. “Aunque no pudiéramos impedir que los pacientes contrajeran cáncer podríamos mantenerlos libres de metástasis”, comenta Randolph S. Watnick, del Children?s Hospital de Boston, que ha dirigido el trabajo. Lo inició por sugerencia de Judah Folkman, recientemente fallecido, considerado el padre de la angiogénesis. Fue el primero que se dio cuenta de que las células tumorales necesitan que se formen a su alrededor nuevos vasos sanguíneos para sobrevivir.

Ya existen algunos tratamientos oncológicos, llamados antiangiogénicos, que tratan de impedir la formación de nuevos vasos sanguíneos, pero “no están dando los resultados tan positivos que se esperaban”, comenta López Novoa, sobre todo por sus efectos secundarios. El nuevo trabajo no pertenece a este mismo grupo, ya que relaciona la activación de un supresor tumoral con la inhibición de la angiogénesis.

¿Y ahora qué? “Estas investigaciones son de frontera”, comenta Gomis, “abren ventanas de oportunidad y es a posteriori cuando se ve su utilidad. Joan Massagué, con quien trabajo, fue pionero en darse cuenta de que la metástasis es tan importante, pero fue hace unos cinco años, gracias en gran parte a su trabajo anterior, cuando se pudo empezar a trabajar en ello. Antes no existían la tecnología y el conocimiento necesarios”.

Para el traslado de estas investigaciones a la aplicación clínica existen tres aproximaciones, según Gomis: probar medicamentos ya existentes; proporcionar a los farmacólogos nuevas dianas (objetivos moleculares) para las que ya existen inhibidores o activadores desarrollados, o, en casos complejos como el trabajo que ahora se publica, desarrollar nuevos, lo cual lleva varios años, y eso si tiene éxito, que la mayor parte de las veces no es el caso.

Un área en auge

– La metástasis, el proceso por el cual un tumor coloniza otros órganos a través de los vasos sanguíneos, es responsable del 90% de los fallecimientos en enfermos de cáncer.

– Las líneas de investigación dirigidas a conocer los mecanismos de la metástasis han avanzado en los últimos años por el acceso a nuevos conocimientos y tecnología.

– Uno de los equipos más avanzados es el de Joan Massagué. En 2007 dio a conocer los primeros genes cuya activación anómala facilita la diseminación del tumor original de mama hacia el pulmón.

– El último hallazgo de su grupo, publicado el pasado mayo en la revista Nature, explica cómo -a través de tres genes identificados- las células tumorales logran entrar al cerebro y dar lugar a un nuevo tumor.

– Otra línea de investigación es determinar cómo sobreviven las células de cáncer desde que abandonan el tumor primario y se infiltran en órganos vitales hasta el momento en que, años después, se manifiestan como tumores en éstos.

– El fin último de estas investigaciones es detectar las sustancias biológicas cuya producción debe inhibirse o fomentarse mediante fármacos nuevos o antiguos.

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