DERECHO DE REPARACIÓN

El viernes 12 de junio leí en El País un artículo de la redacción sobre la primera apertura judicial de una fosa de la guerra civil.

Con este tema hemos estado siempre muy sensibilizados Manolo y yo. Él vivió de cerca la guerra y sus consecuencias en su propia familia. Y nunca entendió que la democracia no trajera consigo esta reparación por la dignidad de quienes sufrieron por sus ideas y por respeto al concepto de democracia.

Por supuesto este es un tema que no interesa a quienes siguen anhelando aquellos tiempos de represión y deshumanización Por eso, entre otras cosas, boicotean que en los centros escolares se enseñe “Educación para la Ciudadanía”, porque Ciudadanía significa Dignidad, Respeto, Derechos y Humanismo.

Un día me dijo un profesor de mi colegio que también habían asesinado en las cunetas a partidarios del bando nacional, especialmente a sacerdotes, ¿Y qué pasa?, ¿A sus familiares no les interesa recuperar sus cuerpos y darle digna sepultura?, ¿O es que ya lo hicieron con todos los honores de estado y ahora no quieren que los demás ciudadanos y ciudadanas tengamos ese “privilegio”? ¿O es que no existen pruebas de que ello ocurriera? Algo no me cuadra.

DERECHO DE REPARACIÓN

LA PRIMERA APERTURA JUDICIAL DE UNA FOSA DE LA GUERRA CIVIL CONSTITUYE UN HECHO HISTÓRICO

La juez de Benavente, Tania Chico, ha tomado una decisión que, al menos para los familiares todavía vivos de las víctimas de la Guerra Civil imputables al franquismo y para la España actual que guarda memoria de ellas, sólo cabe calificar de histórica. Pasados 70 años de la finalización de aquel enfrentamiento entre españoles, a los 34 de la muerte de Franco y a los 31 del inicio del actual periodo democrático, una titular del Poder Judicial ha tomado bajo su tutela la identificación y exhumación de los restos de un grupo de paseados el 23 de agosto de 1936 por un grupo de falangistas en Santa Marta de Tera (Zamora) y que, desde entonces, yacen en una fosa común.

Que la justicia tome cartas en el asunto significa investigar quiénes fueron los ejecutores y cómo y por qué fueron ejecutadas las víctimas. A tantos años de distancia no queda opción a que la justicia material se aplique a aquellos crímenes. Pero tampoco cabe calificar la iniciativa de justicia poética o meramente retórica: las diligencias abiertas implican un inicial propósito de esclarecer los hechos y depurar responsabilidades. Si no hay responsables vivos, si el delito ha prescrito o si la Ley de Amnistía de 1977 le alcanza, es algo que la juez hará constar en las diligencias que culminen con la exhumación de los restos y su entrega a los familiares. Se hace justicia al fin, aunque sea la justicia posible en este tiempo, con lo que se repara a las víctimas y se da satisfacción a sus deudos. Que el Estado actual haya tardado tanto en acoger las demandas de las familias de las víctimas del franquismo debería hacer reflexionar a los españoles de hoy. No se trata de reabrir heridas, como a veces se dice, sino de cerrarlas: que la España democrática reconozca a aquellas víctimas de una injusticia.

La causa penal del juez Garzón contra el franquismo y el debate suscitado sobre la naturaleza de sus crímenes -contra la humanidad o comunes- o sobre el órgano jurisdiccional competente para investigarlos -la Audiencia Nacional o los juzgados del lugar- han dejado claro algo en el ámbito judicial: aquellos hechos fueron al menos delitos de detención ilegal con desaparición forzosa de personas, o sea, secuestros y ejecuciones extrajudiciales, como los que hoy cometen los terroristas -ETA en España- o los grupos paramilitares en otras partes del mundo. Es secundario que otra juez, a la que correspondía abrir la fosa del poeta García Lorca, haya devuelto la causa a la Audiencia Nacional por estimar que se trata de crímenes contra la humanidad.

La iniciativa de la juez de Granada puede tener un efecto inesperado: obligar a la Sala Segunda del Supremo a intervenir en el asunto. Tendría que resolver entonces la cuestión de competencia sobre la que se basa la querella por prevariación que tramita contra Garzón. Y si esa situación se produce habrá que ver cómo sale airosa de este embrollo. Y los más interesados en verlo serían el juez querellado y los dos órganos jurisdiccionales en liza.

 

DIARIO DE LA PRIMERA EXHUMACIÓN CON TUTELA JUDICIAL (DÍA 5)

Santiago Macías, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, narra los trabajos en Zamora en dos fosas comunes de la Guerra

ELPAÍS.com – Santa Marta de Tera – 12/06/2009

Santiago Macías, vicepresidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), relata para el ELPAIS.com el avance de los trabajos de exhumación de dos fosas comunes en Santa Marta de Tera (Zamora), que se abren por orden de la juez de Benavente Tania Chico. Son las primeras que se exhuman en España con tutela judicial.

19.00. Despedida. Acabamos de terminar de tapar los agujeros que habíamos hecho en la tierra y nos vamos a casa después de haber recuperado los que buscábamos, los restos de siete fusilados durante la Gerra Civil. Sus familiares han dejado flores en el lugar exacto donde hemos encontrado los restos y después se han abrazado a la juez, que ha venido a despedirse de ellos y a explicarles los pasos a partir de ahora. Los huesos serán llevados a un laboratorio para que los examine el médico forense Francisco Etxeberria, que acaba de viajar a Chile para analizar los restos de Víctor Jara exhumados la semana pasada. El alcalde del pueblo también ha venido al cementerio porque quería disculparse con los familiares por sus palabras de ayer en este diario. Ha dicho que sus declaraciones no habían sido muy afortunadas y les ha pedido perdón por ello. Estamos muy cansados, pero muy contentos. Vecinos del pueblo que el primer día nos criticaban, hoy han venido a decirnos que se alegran de que los familiares puedan llevarse a los suyos. Creo que hemos hecho una labor didáctica muy importante. Esta exhumación ha removido conciencias. Ojalá que otros jueces provinciales tomen nota.

Me gustaría agradecer al pueblo de Santa Marta de Tera las muestras de apoyo y os animo a todos a visitar su iglesia románica, que acaba de ser rehabilitada y es una joya. Muchísimas gracias también a ELPAÍS.com por ofrecerme la oportunidad de escribir este diario para explicarle lo que hacemos a la gente que nunca ha visto una fosa de la Guerra Civil: que el ambiente es absolutamente cordial, que no hay rencores, ni odios y que, al final del trabajo, hay unos familiares que se van felices por haber encontrado lo que buscaban desde hace 70 años. Gracias a todos y hasta la próxima.

16.30. Tapar los agujeros. Acabamos de volver de comer con los familiares para celebrar lo bien que ha ido todo. Ya hemos recogido los restos y ahora sólo nos falta tapar los agujeros que hemos hecho al cavar en la tierra. Los familiares están contentísimos. Esta tarde vendrá la juez para despedirse.

12.00. Debate en el pueblo.- Santa Marta de Tera tiene 300 habitantes y la exhumación que estamos haciendo se ha convertido en tema de debate. Santiago, uno de los vecinos, os los cuenta:

“Tengo 55 años y llevo toda la vida en el pueblo. Acabo de visitar la exhumación y he visto las calaveras, los huesos… Da que pensar. Aquí no todo el mundo está de acuerdo en que se abra la fosa. Hay gente que no quiere problemas, que prefiere pasar desapercibida… Yo siempre he sido partidario, porque esta gente tiene el mismo derecho que todos a enterrar a sus familiares dignamente. Antes no se pudo hacer y me alegro de que ahora sí. En los bares del pueblo se montan debates entre los partidarios y los que se oponen. Algunos dicen que es mejor dejar las cosas como están. Yo creo que los familiares tienen derecho a llevarse a los suyos donde quieran”.

8.00. Arranca el último día de trabajo.- Hoy hemos madrugado más porque la juez nos ha pedido que intentáramos acabar hoy el trabajo porque son fiestas en el pueblo y la gente suele aprovechar estos días para venir al cementerio a limpiar las sepulturas de sus familiares. Se ha habilitado un pasillo para que puedan acceder al recinto porque no queremos incomodar a nadie. Vamos a dedicar toda la mañana a recoger los restos, catalogarlos, envolverlos en papel de periódico y meterlos en cajas de cartón para quitarles la humedad. Y después, por supuesto, a tapar lo que hemos cavado para dejarlo todo como estaba.

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