EL TALLER DE YOLANDA TABANERA

El jueves 14 de Mayo, visité junto a unos amigos, el taller de Yolanda Tabanera.

Siempre es una delicia ver sus vidrios, cerámicas, espartos, pinturas expuestas por las mesas de trabajo, guardadas en cajas, colgadas de las paredes, o simplemente colocadas en las estanterías,  en las vitrinas o por el suelo. Ver, tocar, husmear entre los restos de esculturas desechadas pero delicada y poéticamente elaboradas.

 

Lo peor fue que pasear, antes de entrar en su casa, por sus calles, su parque, su mercado de abastos, su churrería, las escaleras que dan a la plaza. Cada rincón me recordaba la última vez que había estado con Manolo, y su ausencia se hizo muy dolorosa.

 

Pero la visita fue muy agradable, con la presentación de su pareja, Pablo Milicua, la taza de té y el recorrido por el taller.

 

Hablamos de su actual exposición junto a Milicua y Ángel García Barcos en la Fundación Antonio Pérez de Cuenca.expo yolanda

Quiero recobrar el texto que publiqué sobre ella en octubre de 2008:

 

“En 1995, como en años anteriores, se celebró en la Galería La Kábala, una edición más de su “Museo Portátil”.  Manolo y yo estuvimos en la inauguración, es posible que por invitación de Granell, quien participaba en la exposición.

 

Se acercaban nuestros cumpleaños y decidimos regalarnos un cuadro uno al otro.

 

Él me regaló uno de Sara Huete, titulado “Pétalo a pétalo memorizo la rosa”. (basado en un verso de Ángel González).

Yo le regalé una pintura de Yolanda Tabanera. Creo que Granell nos la presentó y desde entonces hemos cultivado una gran amistad.

 

Nos hemos visto en diversos eventos a menudo relacionados con nuestro amigo común Granell, pero también en su casa y taller, en alguna reunión de amigos convocaba por Manolo en la nuestra y en otras exposiciones suyas y de otros autores (incluida la mía de “Juegos de la Memoria” en Taller de Lunas)

 

Manolo le compró en su taller una obra de grandes dimensiones tras haberla visto en una exposición, creo que en el Instituto Francés.

 

Después estuvimos comiendo con ella en un restaurante turco, la única vez que hemos entrado en un restaurante de este tipo.

 

Manolo la consideraba una mujer de mucho valor cultural y creativo. Y humano.”

 

https://floredo.wordpress.com/2008/10/14/yolanda-tabanera/

 

En la web de la Fundación he encontrado la siguiente información sobre la exposición y el museo:

 

TABANERA, MILICUA Y GARCÍA BARCOS, EN LA FAP

  

La Fundación acoge una nueva exposición, que permanecerá abierta al público hasta finales de mayo, realizada por tres artistas: Pablo Milicua, Yolanda Tabanera y Paco García Barcos. 

  

 Tres mundos contrapuestos en una relación entremezclada. Son tres amigos con un nexo de unión personal y biográfico más que ideológico, aunque en sus mundos confluye el interés común por el objeto, el collage y la literatura.

 

El acto de presentación ha contado con la presencia de Yolanda Tabanera y Pablo Milicia; el diputado de Cultura y Deportes, Santiago Vieco; el subdelegado de Defensa en Cuenca, Félix Miguel Gutiérrez; y Antonio Pérez, presidente de honor de la Fundación. Vieco ha calificado como “un privilegio” la posibilidad de disponer de una muestra “impactante” que ha sido concebida “teniendo en cuenta la propia sala de exposiciones de la Fundación donde iba a estar expuesta”.

 

En este sentido, Pablo Milicua ha precisado que en los momentos iniciales del proyecto “pensamos en la FAP porque es donde más confluye el fetichismo del objeto y la pureza de la vivencia artística, donde se plasma de forma clara y sin concesiones”. Yolanda Tabanera comparte esa sensación por un espacio expositivo como la FAP “que posee algo espiritual. Se trata de un lugar muy especial, mágico pero a la vez cercano”. 

 

LA FUNDACIÓN

 

En Octubre de 1998 se procedió a inaugurar oficialmente las salas de exposiciones de la Fundación ANTONIO PÉREZ, con ellas se amplía en Cuenca un nuevo foro cultural que sirve para revitalizar el ámbito artístico de una ciudad con una gran tradición pictórica desde los años 60, cuando tuvo lugar la creación del Museo de Arte Abstracto Español (en el que están representados artistas como Chillida, Guerrero, Millares, Palazuelo, Saura, Torner, Zóbel…) y cuando importantes figuras de la plástica española decidieron quedarse a vivir en Cuenca, atraídos por un cierto halo que sigue latente y que, sin duda, esta Fundación pretende perpetuar.

 

Desde  su creación, en 1997, la Fundación que lleva el nombre del artista para unos, coleccionista para todos, ha llevado a cabo un gran número de exposiciones de obra gráfica original, que han recorrido diversas poblaciones conquenses, acercando a las gentes, a los pueblos, las creaciones artísticas de pintores que son o han sido parte del mundo vital de Antonio Pérez, de ese círculo artístico en el que sigue inmerso.

 

El objetivo, pues, de la Fundación está en el conocimiento y difusión del arte creado en este siglo, partiendo de un conjunto de fondos pictóricos que son, fundamentalmente, creaciones de artistas de la generación del fundador, pero también las de aquellos otros, más jovenes, que han merecido su atenta mirada.

 

Ubicada en el que un día fue Convento de las Carmelitas Descalzas, la Fundación ha creado un nuevo espacio donde confluyen pasado y futuro, donde conviven en armonía formas creadas por el Hombre con formas de la Naturaleza, y que  producen, amén de toda una variedad de sugerencias, emoción plástica.

 

ANTONIO PÉREZ

 

La Fundación ANTONIO PÉREZ es, ante todo, la vida de Antonio Pérez. Su colección es fruto de la confluencia de dos grandes pasiones: El Arte y la Literatura.

 

Llevado de esa pasión y de una aguda sensibilidad fue adquiriendo las obras que en ellas se   exponen, muchas antes incluso de que sus creadores formasen parte de los libros de Historia del Arte; otras son fruto de la amistad, complicidad y colaboración con diferentes artistas. Lo cierto es que ha sido testigo directo del devenir de muchas tendencias que han ido construyendo el amplio espectro artístico de la segunda mitad de este siglo.

 

Antonio Pérez es un hombre de vasta cultura y de una personalidad polifacética que se construye fundamentalmente a través de tres ejes: Coleccionista-editor-artista.

 

Nacido en Sigüenza, ha pasado gran parte de su vida entre París y Cuenca, dos ciudades con espíritu diferente y que parecen rezumar en cada una de las obras y objetos expuestos que, a buen seguro, no pasan desapercibidos al visitante que los contempla.

 

Quiso ser poeta; los que le conocen saben que lo es, y lo fue cuando, siendo muy joven, decidió recorrer España remontando sus ríos, “Anda-ríos” le llamó Juan Marsé. Por aquella época, 1957, cargado de lecturas y experiencias, llegó a Cuenca desde su incursión por el río Tajo. Aquí conoció al pintor que tantas veces repintara el Perro de Goya, Antonio SAURA, quien ya pasaba temporadas en esta ciudad castellana; conoció igualmente a Manolo MILLARES. Fueron estos dos artistas quienes, con su dibujo y sus letras, en el inseparable cuaderno de viajes que siempre llevaba Antonio PÉREZ, marcan el inicio de su faceta como coleccionista en el libro de su vida. A partir de entonces comenzó su “pequeño almacén de esas cosas sueltas” como proponía Ramón GOMEZ DE LA SERNA, de quien es un admirador incansable.

 

Después marchó a París. “Necesitaba respirar”, en nuestro país aún se vivían los difíciles años del Franquismo y el ambiente Cultural era mínimo. En la capital francesa su vida sigue ligada al mundo de la pintura, pero sobre todo al libro. En 1962, junto con José Martínez, fundo “El Ruedo Ibérico”, la editorial que permitió sacar a la luz un gran número de libros de autores prohibidos en nuestro país. Testimonio de esa actividad han quedado importantes colecciones de novela y poesía, así como ensayos políticos sobre España.

 

Participó en el Mayo del 68 y, trabajará en la librería de François Masperó “La joie de lire”…, ciertamente el libro es un elemento clave en la vida de Antonio Pérez. Es fácil  imaginarle en su casa de la calle de San Pedro devorando libros, uno tras otro, llenando su inmensa biblioteca.

 

Como editor volveremos de nuevo a verle a partir de 1978, ya en Cuenca, donde publicará la colección ANTOJOS, una serie de libros ilustrados acompañados de textos elegidos, en los cuales se hace patente esa pasión por el arte y la literatura. Y es que un día, allá por 1975, Antonio Pérez decidió instalarse en esta  ciudad para siempre, en la Cuenca Alta, convirtiendo su casa, con el paso del tiempo, en un verdadero museo, “le musèe d’en face” como le gustaba llamarle Antonio Saura. Las paredes fueron sustituidas por estantes de libros que pasaron a ser los nuevos muros y, delante de ellos, por todos los rincones de su casa, fue colocando con receloso mimo su particular universo de objetos encontrados, esas cosas que han dejado de ser lo que fueron para adquirir la categoría de obras artísticas y que han terminado por inundarlo todo.

 

En plena madurez, Antonio Pérez pensó en el destino de su colección, de la obra pictórica, dibujos y gráfica original, y también de su inmensa biblioteca cuajada de joyas literarias, de documentos únicos, de sus archivos, su colección de objetos encontrados que esperan -tras varias exposiciones en diferentes ciudades del país- un museo riguroso, sencillo, donde las obras reposen convenientemente expuestas hasta guiñar sus ojos al curioso espectador que quiera ver en ellas el paralelismo con la obra artística, con la obra poética, con el objeto amado, con un resultado estético fruto del azar del hombre o del azar de la naturaleza, que al fin y al cabo resultan ser lo mismo.

 

EL MUSEO

 

La idea de ceder todas sus colecciones y, en torno a ellas, organizar una serie de exposiciones y actividades, fue muy bien acogida por la Diputación Provincial de Cuenca, sensible conocedora del valor estético y literario de la obra donada, considerando oportuno la creación de una Fundación que llevara su nombre y mantuviera una estrecha colaboración con las actividades organizadas por el Departamento de Cultura de la referida Administración. El proyecto se hizo realidad, y en él sigue trabajando, con intensidad, Antonio Pérez, exponiendo, organizando, catalogando e incrementando los fondos cedidos, así como diseñando el resto de las actividades que organizará la Fundación. Faltaba encontrar la sede en la que, al menos la parte más emblemática -Puesto que los fondos son numerosos-, se pudiera exponer. Así la colección ha tenido la suerte de ocupar algunas de las estancias del antiguo Convento de las Carmelitas Descalzas. Estamos en un edificio convertido en convento en el s. XVII; fue comprado por las monjas Carmelitas a D. Fernando Ruiz de Alarcón, quien lo heredó del Canónigo Sebastián de Covarrubias -autor del primer diccionario de lengua castellana-. A lo largo de los siglos fue objeto de diversas remodelaciones, pasando en 1978 a manos de la Excma. Diputación Provincial. Posteriormente, en la década de los 80, este edificio fue rehabilitado y acondicionado, consecuencia directa de la aplicación de una serie de planes urbanísticos que han tenido como objetivo la recuperación del centro histórico de Cuenca, conservando, protegiendo y dinamizando el casco antiguo, la ciudad alta, que había quedado marginada una vez que la parte baja pasó a ser la zona funcional.

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