BLAS DE OTERO, Edición de El País.

El martes 17 de marzo de 2009 el periódico anunciaba que al día siguiente el mismo diario editaba una antología de Blas de Otero, Colección de Poesía de EL PAÍS. Y por supuesto la compré. Antes de leerlo releí el poemario “Pido la Paz y la Palabra” editado en 1955, en Ediciones Cantalapiedra, firmada por Aranda en el 57, y que he utilizado en diversas ocasiones en talleres de poesía y de Educación para la Paz. E incluí en el blog algunos versos y comentarios.

 

Ahora que ya he terminado la lectura de la edición de El País, quiero empezar esta entrada transcribiendo completos los tres poemas que más me han impactado, al margen del poemario “Pido la Paz y la Palabra”:

 

CANTO PRIMERO

 

Definitivamente cantaré para el hombre.

Algún día –después-, alguna noche,

me oirán. Hoy van –vamos- sin rumbo,

sordos de sed, famélicos de oscuro.

 

Yo os traigo un alba, hermanos. Surto un agua,

eterna no, parada ante la casa.

Salid a ver. Venid, bebed. Dejadme

que os unja de agua y luz, bajo la carne.

 

De golpe, han muerto veintitrés millones

de cuerpos. Sobre Dios saltan de golpe

-sorda, sola trinchera de la muerte-

con el alma en la mano, entre los dientes

 

el ansia. Sin saber por qué, mataban;

muerte son, sólo muerte. Entre alambradas

de infinito, sin sangre. Son hermanos

nuestros. ¡Vengadlos, sin piedad, vengadlos!

 

Solo está el hombre. ¿Es esto lo que os hace

gemir? Oh si supieseis que es bastante.

Si supieseis bastaros, ensamblaros.

Si supierais ser hombres, solo humanos.

 

¿Os da miedo, verdad? Sé que es más cómodo

esperar que Otro -¿quién?- cualquiera. Otro

os ayude a ser. Soy. Luego es bastante

ser, si procuro ser quien soy. ¡Quién sabe

 

si hay más! En cambio, hay menos: sois sentinas

de hipocresía. ¡Oh, sed, salid al día!

No sigáis siendo bestias disfrazadas

de ansia de Dios. Con ser hombres os basta. 

 

Este poema y el siguiente forman parte del poemario “Ancia. Ángel fieramente humano redoble de conciencia”. Publicado en 1958 con prólogo de Dámaso Alonso, fue premio de la Crítica y, como dice en la biografía que incluye la edición, es una obra cumbre de la poesía española del siglo XX.

Tras escribir versos, poemas y  poemarios de inspiración mística, en este se declara agnóstico al proponer que no se espere que un dios solucione los problemas humanos, y anticlerical al criticar a quienes considera bestias disfrazadas de ansia de dios. Denuncia la muerte de miles de personas en la contienda civil y declara su humanismo militante al anunciar que definitivamente a partir de ahora catará para el hombre. Algunas imágenes son surrealistas como “sordos de sed, famélicos de oscuro”.

 

MUNDO

 

Cuando San Agustín escribía sus soliloquios.

Cuando el último soldado alemán se desmoronaba de asco y de impotencia.

Cuando las guerras púnicas

y las mujeres abofeteadas en el descansillo de una escalera,

entonces,

 

cuando San Agustín escribía La Ciudad de dios con una mano

y con la otra tomaba notas a fin de combatir las herejías,

 

precisamente entonces,

cuando ser prisionero de guerra no significaba la muerte, sino la casualidad de encontrarse vivo,

cuando las pérfidas mujeres inviolables se dedicaban a reparar las constelaciones deterioradas,

y los encendedores automáticos desfallecían de póstuma ternura,

 

entonces, ya lo he dicho,

San Agustín andaba corrigiendo las pruebas de su Enchiridion ad Laurentium

y los soldados alemanes se orinaban encima de los niños recién bombardeados.

 

Triste, triste es el mundo,

como una muchacha huérfana de padre a quien los salteadores de abrazos sujetan contra un muro.

Muchas veces hemos pretendido que la soledad de los hombres se llenase de lágrimas.

Muchas veces, infinitas veces hemos dejado de dar la mano

y no hemos conseguido otra cosa que unas cuantas arenillas pertinazmente intercaladas entre los dientes.

 

Oh si San Agustín se hubiese enterado de que la diplomacia europea

andaba comprometida con artistas de varietes de muy dudosa reputación,

y que el ejército norteamericano acostumbraba recibir paquetes donde la más ligera falta de ortografía

era aclamada como venturoso presagio de la libertad de los pueblos oprimidos por el endoluminismo.

 

Voy a llorar de tanta pierna rota

y de tanto cansancio que se advierte en los poetas menores de dieciocho años.

 

Nunca se ha conocido un desastre igual.

Hasta las Hermanas de la Caridad hablan de crisis

y se escriben gruesos volúmenes sobre la decadencia del jabón de afeitar entre los esquimales.

 

Decid adónde vamos a parar con tanta angustia

y tanto dolor de padres desconocidos entre sí.

Cuando San Agustín se entere de que los teléfonos automáticos han dejado de funcionar

y de que las tarifas contra incendios se han ocultado tímidamente en la cabellera de las muchachitas rubias,

ah entonces, cuando San Agustín lo sepa todo

un gran rayo descenderá sobre la tierra y en un abrir y cerrar de ojos nos volveremos todos idiotas.

 

Como dije este poema también forma parte del poemario “Ancia. Ángel fieramente humano redoble de conciencia”. Es una crítica contra la doctrina eclesiástica personalizada en los escritos de San Agustín y una denuncia de todas las guerras desde las púnicas a las actuales.

También hay imágenes surrealistas como: “los encendedores automáticos desfallecían de póstuma ternura”,o “se escriben gruesos volúmenes sobre la decadencia del jabón de afeitar entre los esquimales”.

Una visión feminista en el verso: “las pérfidas mujeres inviolables se dedicaban a reparar las constelaciones deterioradas”, que parece reivindicar a las mujeres asesinadas en la edad media por la Iglesia Católica bajo la acusación de brujas.

Y un final lapidario y ambiguo : “Nos volveremos todos idiotas”, que puede ser considerado algo positivo si lo relacionamos con el “Elogio de la Locura” de Erasmo de Rótterdam, o negativo si lo entendemos como que seremos fácilmente manipulables por los poderes fácticos.

 

FALTA DE INFORMACIÓN

 

Hace frío. Es preferible hundir las manos en la niebla

como un paño húmedo, y rectificar la puntería.

Terminada la operación, el cirujano se lava las manos

y la enfermera siente que se le estremeces los senos.

No despertéis al ruiseñor que duerme en el filo del bisturí,

inclinaos sobre la pila de agua bendita

y comprobaréis que se ha helado en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo. Tumbaos en la mesa

de operaciones y sentiréis el calor de la lámpara,

y sentiréis rodas trenes por las baldosas,

y adoquines con carros cargados de piedras,

y escapularios agitados burlonamente por el viento.

Porque hace frío y las rodillas adoptan forma de rostros

y las redes de los pecadores se escurren entre las rocas,

y además me encuentro profundamente aburrido

de tanto frío, y tanta sal, y tanta solución de continuidad.

No entréis en esa tienda de aparatos eléctricos

que duplican el frío con sus dientes de aluminio,

no penetréis en la boca del prójimo ni pronunciéis la palabra libertad,

porque ahora ha caído entera desde la torre al estanque,

ha chocado contra el hielo y se ha agrietado como un labio adolescente,

debo deciros que dejéis de fumar porque el humo se transforma instantáneamente en estalactitas,

tened cuidado con los cables de la luz y los velos de novia,

abrid la puerta con cuidado por si aparece el frío con su traje de hojalata,

dejad de sonreír a fin de no sostener un rayo entre los labios,

pues hace frío y he comprado el periódico para comprobar una vez más la falta de información.

 

Considero que es el más surrealizante de los poemas del libro. Forma parte del poemario que dejó inédito a su muerte en 1979 “Hojas de Madrid con La Galerna”.

Sigue incluyendo imágenes anticlericales del tipo: “inclinaos sobre la pila de agua bendita

y comprobaréis que se ha helado en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo” o “escapularios agitados burlonamente por el viento”.

Todo el poema parece una denuncia bajo la alegoría de la frialdad que sentía al comprobar la falta de información en los diarios. Podría entenderse, dado su exilio, que esperaba encontrar la noticia de una reparación hacia las personas que, como él, habían luchado toda la vida por los ideales democráticos y laicos, que habían sido represaliados y obligados al exilio. Una ley de memoria histórica.

Es un poema libertario que sigue denunciando la mordaza: “no penetréis en la boca del prójimo ni pronunciéis la palabra libertad”.

 

Además de estos tres poemas, salpicados a lo largo del libro podemos encontrar perlas de las que solo voy a transcribir tres pequeñas muestras:

“Mis conceptos son sombras de las cosas”

(de “Esta anchura del mundo, doblegada”),

que relacionan su pensamiento con la filosofía clasicista, con el mito de la caverna de Platón.

“Las noches trenzadas alrededor de mi garganta sin una pizca de luna para aliviar mi sed” (de “Cap. 10 Lib. II)

Considero que también es un verso surrealista.

“Aquí tenéis mi voz

alzada contra el cielo de los dioses absurdos,

mi voz apedreando las puertas de la muerte

con cantos que son duras verdades como puños”.

(De “En castellano”)

Que es una declaración de intenciones anticlerical, humanista y contundente.

 

En general el libro es bueno, de dura lectura, pero que merece la pena hacer el esfuerzo por entender, y salpicada de imágenes y alegorías que nos hacen reflexionar y buscar sentidos dentro de nuestra propia conciencia. Recomendable.

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