CÁNOVAS DEL CASTILLO, EL SENTIMIENTO DE LA PATRIA

Artículo publicado en la página de portada de EL MUNDO, el jueves 9 de agosto de 1917.

Conservo el ejemplar con muchos desperfectos y roturas por dobleces que me impiden leer correctamente algunas palabras y líneas.

Otros datos de la publicación:

Año undécimo núm. 3495

Director: Augusto Vivero

Gerente: Santiago Mataix

Administrador: Cristobal Mataix

 

CÁNOVAS DEL CASTILLO

EL SENTIMIENTO DE LA PATRIA

DESDE EL AÑO 1882 AL 19…

 

Nuestro espíritu, acongojado por el espectáculo bochornoso del triunfo de las medianías, producido, de un lado por la ausencia de grandes figuras, y de otro, por este raquítico estado de conciencia que ama todo lo gris y rechaza cualquier desentonación , y que fatalmente ha traído la eliminación del gobierno de aquellas personas que aún sin culminar poseen  rasgos bien definidos, y el consiguiente acaparamiento  del poder y las jefaturas por hombres apacibles y tranquilos, fiel representación de la abatida alma nacional, vuelve imperiosamente la vista hacia otros personajes que, a pesar de sus grandes errores políticos, cuyas consecuencias padecemos hoy, tienen un alto relieve mental, espíritus gigantes que debemos conjurar para dar a los enanos la exacta medida de su insignificancia y su vanidad.

 

Cánovas del Castillo, como tantos otros estadistas españoles, tienen para mal de la Patria dos personalidades opuestas: el hombre de pensamiento y el hombre de acción. Si escudriñamos en la producción ideológica de nuestros políticos, hallaremos un caudal considerable de ideas generosas, pensamientos fuertes y prodigiosos atisbos, y en la esfera de la acción, esos mismos hombres son el desacierto, la debilidad, la corrupción, el desatino.

 

Releemos estos días los tres tomos, intitulados “Problemas contemporáneos”, y no hay cuestión filosófica, jurídica, política, social, económica y literaria de la época que escape al sagaz espíritu del insigne hombre de la Restauración. Queda nuestra mente aprisionada en la prosa incorrecta, pero jugosa y recia del discurso que pronunciara en el año 1882 sobre el concepto de la nacionalidad, en el cual se expone, con frío análisis, la teoría de la nación, y se desborda el espíritu del hercúleo polemista en un sentimentalismo patriótico, sobrio y austero, que tiene acentos de oración y vibraciones de profecía.

 

Cánovas, que vivió la época en que el cosmopolitismo y el pacifismo empiezan a adueñarse de la especulación política para incorporarse más tarde a los programas de la extrema radical e ir debilitando el sentimiento de la Patria hasta los momentos que vivimos, en que la utopía estuvo a punto de dejar inerme a un tan gran pueblo que, merced a sus enormes reservas de fuerzas (…) año heroico y sublime, (…)  dejó ganar ni un solo instante por la sugestión del falaz lirismo político. Oigámosle: “La Patria es donde en su plenitud se posee, aquel ente social que más íntimamente amamos, el que nos entusiasma más, el que mueve y electriza nuestra voluntad más fácilmente”. Y no pienso yo que esta voz nobilísima haya perdido tanto valor y hechizo como se supone, desde la antigüedad hasta nuestros días, en los corazones y en los oídos. Nunca tal palabra y tal sentimiento han despertado la atención que en estos tiempos despierta. Y en vano el cosmopolitismo, aunque hijo de tan nobles padres como la Monarquía universal y el espíritu cristiano, y tan estrechamente emparentado con toda la civilización moderna, conspira teóricamente hoy contra el egoísmo o particularismo, cual se dice en otras partes, de las naciones. Estas, no tan solo persisten, sino que, sintiendo la nacionalidad con mayor viveza, de día en día tienden a fortalecerse o extenderse, o afirmarse en la vida más y más. No es la nación el último término de la serie que forman las agrupaciones sociales, según el pensamiento moderno, que todavía está, y queda por encima de aquel concepto de universal humanidad, hoy clarísimo, que entrevió ya la antigüedad clásica. Pero tan está remoto, que   aún no divisa la percepción humana el día en que, aparte los filósofos puros que ponen su razón fuera del espacio y del tiempo, y cierto género de utopistas político- económicos, sobreponga nadie la humanidad a su nación o a su patria. Hace ya mucho tiempo que el abate Saint- Pierre imagino la paz perpetua, y la idea no ha producido aún sino lugares comunes retóricos en Congresos, más ruidosos que formales. Cierto gran poeta, Lamartine, escribió, saturado de humanitarismo, un día cierto famoso verso: “Nations, mot pompeux, pour dire barbarie”. En el entretanto, mientras más civilizadas estén, como por ejemplo Inglaterra y Alemania, más enérgicamente afirman las naciones, no tan solo su existencia sino hasta su exclusivismo nacional. Ya habéis visto en qué han quedado todas aquellas seguridades de paz perpetua que entre las naciones industriales y comerciales del siglo, que hacia 1848 regocijaban a tantos cándidos, con apariencia o pretensiones de hombres pensadores. Nunca han luchado más y más tremendamente las naciones que desde que se dio tamaño bien por adquirido.

 

“Y no dudéis, señores, aunque con razón nos contriste esta verdad a todos, el mundo está preñado de futuras inmensas guerras, al lado de las cuales, según se puede ya juzgar por la últimas, fueran no más que ensayos las de la antigüedad, las de la Edad Media y las de los tres siglos que nos preceden. Ellas han de dar testimonio expresivo de que continuará habiendo por largo tiempo naciones, de que no dejará de haberlas hasta un período que solo el pensamiento filosófico alcanza, tal y como hoy las hay”

 

Desde que se han pronunciado estas palabras, han transcurrido treinta y cinco años, y durante ellos, la propaganda de los sin patria, encarnada principalmente en los sueños de la Internacional Obrera, ha ido infiltrándose en los espíritus, ganando cada día más terreno, hasta producir la grave crisis del patriotismo, que amenaza la existencia de muchos valores morales, lenta y trabajosamente producidos en el curso de la Historia. La Internacional, colocando el problema social en el terreno de la lucha de clases, exalta las muchedumbres con lemas concisos, lacónicos, impregnados, no solo de reivindicación, sino de odio. “Nuestro enemigo es nuestro patrono- dice el sindicalismo revolucionario-. Un proletariado consciente es un proletariado que se ha asimilado esta gran verdad, oscurecida por los sofismas burgueses. Quien no tiene patrimonio no tiene patria. ¿Qué interés tenemos nosotros en defender un suelo que no es nuestro, una civilización que de la que no nos aprovechamos? Si     nuestro enemigo es el patrono, será nuestro enemigo más directo nuestro patrono más próximo. Es el patrono compatriota a quien a quien hay que dirigir nuestros golpes”.

 

Preconízase la guerra civil  y se llega a desear la guerra exterior para facilitar aquella; así Hervé escribe en la Vie Socialista de 20 de junio de 1915: “Si la revolución social es resistente, no podrán (…) las fuerzas gubernamentales sean ocupadas contra las fuerzas gubernamentales de un país vecino en una lucha internacional”. Infame tesis, que de haberse realizado, diez años más tarde hubiera acabado con la nación francesa.

 

Pero las cosas han sucedido de modo completamente distinto, y las afirmaciones del internacionalismo respecto a que asistimos a la formación de una sociedad nueva, en que los trabajadores de todos los países estarían ligados       en una fraternidad universal, en que las fronteras debían ser suprimidas y desaparecer las naciones y en que, por lo tanto, la palabra patria no tendría más que un sentido histórico, se han reducido a un dulce sueño; mientras las ideas se dirigían por esta trayectoria, los hechos se orientaban en sentido opuesto, y la idea de Patria, lejos de debilitarse, se fortalecía.

 

¿Y por qué se fortalecía? En sentir de escritores muy calificados de la izquierda, la idea de nación tiende a fortificarse, aparte la energía sentimental producida por la actual guerra, merced a la evolución del sistema económico. Es imposible dejar de ver que él presenta un carácter más nacional, a medida que se opone a sus concurrentes en el mercado mundial, y llega a ser un organismo más compacto, más cerrado, cuyas partes son más solidarias, rasgo principal de su progreso. Las diferentes ramas de la actividad, agricultura, industria, comercio, son desarrolladas en cierta relación, para asegurar la existencia de un país determinado. Están en relación con sus necesidades, gustos y costumbres; corresponde a sus condiciones locales; se han desenvuelto bajo la influencia de su estado político, de su legislación, de los tratados de comercio, etc. Esencialmente, el sistema económico es nacional, y la marcha de las cosas exige que lo sea más cada día.          

 

En 1917 asistimos a una exaltación mística del patriotismo. Colaboran en los campos de batalla, rivalizando en sacrificio, obreros y patronos, y se afirma con más fuerza que… y el concepto de economía nacional. En 1882, Cánovas atisbó el porvenir, no solo en cuanto se refiere al aspecto moral de la idea de nación y del patriotismo, sino también a su aspecto económico. Para Cánovas nación era también una “vasta Sociedad agrícola y mercantil, y hasta una Sociedad cooperativa”, y defendió con ardor las ideas proteccionistas, como única política para construir una verdadera economía nacional. Y en 1917, los hechos, la organización del pueblo alemán, la ruta que siguen países librecambistas, las medidas legislativas y la especulación científica, hacen de la economía nacional, no solo el sustentáculo de las actuales naciones, sino la garantía de su existencia en un lejano porvenir histórico.

 

En diferentes pasajes de su discurso, Cánovas se exalta, se conmueve, y pone en sus labios, con acentos patéticos, ora tonos pedagógicos de saludable enmienda y de preceptiva a seguir para engrandecer nuestra Patria. Habla de cambiar la mala vida que traemos en todo el siglo XIX, de la ausencia de conciencia nacional, de la falta de preparación de los políticos, de la unión sagrada de todos, de la eficacia del trabajo, el ahorro y la disciplina, de la necesidad de estudiarnos en lo pasado, etc, etc., y he aquí, en toda esta parte la gran desproporción lírica de su estudio. Cánovas expone con mano maestra, lo que es una nación y lo que significa el sentimiento de la Patria, pero hay en su trabajo más subjetivismo que objetividad. Aparte la generalidad y pobreza de ideario, reconstructor de nuestra nacionalidad, la acción del político se dirige en sentido diametralmente opuesto a aquel. El ideólogo ama con fervor su pueblo, cree en las naciones eternas y providenciales, se enternece cuando la desgracia aflige su Patria, y el político esparce los gérmenes del caciquismo, de la oligarquía, del analfabetismo, del aislamiento en política internacional, de la corrupción del sufragio, de la administración venal…El ideólogo ama la Patria; el político no la construye. El exclama que es necesario amar a la Patria; pero no se cuida de engrandecerla para que ella nos recompense el sacrificio. Cánovas, como tantos otros políticos, creyeron que bastaba un retoricismo patriótico para narcotizar a los pueblos y gobernarlos como rebaños. Esos tiempos han pasado. Hoy son otros los medios para fortificar el sentimiento de la Patria. G. Lanson, explicando en la “Revue Bleu” como la Universidad republicana debe comprender y enseñar el patriotismo, escribía estas palabras magistrales: “Es necesario amar a la Patria; pero es preciso que la Patria nos ame. Desde que una masa popular ha adquirido un cierto grado de conciencia, exige que su patriotismo sea remunerado; el mejoramiento de las condiciones morales y materiales de la vida del gran número, he aquí el masa seguro medio de fortificar en el pueblo el sentimiento patriótico”. Faltó esta intuición al gran español para haber sido gran político.

ANTONIO DUBOIS

 

COMENTARIO DEL TRANSCRIPTOR: Extraño artículo donde, al menos a mí, no me queda clara la posición de Dubois. ¿Está a favor o en contra de Cánovas?, ¿A favor o en contra de la guerra?, ¿A favor o en contra de la paz perpetua?. Solo parece defender a ultranza el concepto de Patria, pero ¿el concepto de Cánovas de una “vasta Sociedad agrícola y mercantil, y hasta una Sociedad cooperativa” que, entiendo, era compartido por la Internacional Obrera, o el del exclusivismo nacional, las guerras y los sofismas burgueses?, ¿Ambigüedad o relativismo?

 

Otro comentario personal: Solo en una frase estoy radicalmente en contra del artículo: “Colaboran en los campos de batalla, rivalizando en sacrificio, obreros y patronos”, considero que es falso, en los campos de batalla primaba la conscripción, y los jóvenes eran en su mayoría obligados en contra de su voluntad a defender un concepto de patria que muchos considerarían “un suelo que no es nuestro, una civilización que de la que no nos aprovechamos”.

 

El último párrafo sobre G. Lanson me recuerda unos versos de Victor Manuel:

“Cuando hablen de la Patria, no olviden que es mejor

sentirla  a nuestro lado que ser su salvador.

Por repetir su nombre no te armas de razón:

Aquí cabemos todos, o no cabe ni Dios”.

De “Esto no es una canción”.  Álbum “Ay amor”

 

CONTEXTO: OTROS TITULARES DE LA PORTADA DE “EL MUNDO”, JUEVES 9 DE AGOSTO DE 1917:

 

“Del momento actual. La anormalidad y el vacío. Perdiendo el tiempo”.

“Por teléfono. El vapor Simbra embarrancado”. Por Molero

“Palabras de un mundano ¡cangrejitos de la mar!”. Por M.Y.

“Por telégrafo. Agresión a la Benemérita”. Por Villanueva

“La carestía de la vida. Desórdenes en el Brasil”. Por Fernández

“Viaje de la infanta. Numerosos memoriales. Mendigos chasqueados”. Por Urbano.

“Amor por la fuerza. Una joven apuñalada” Por Tárrega.  (Me sorprende esta noticia por lo actual, pretendiente que apuñala a la pretendida, y después intenta suicidarse)

“Dramas de la miseria.  La odisea de un niño. Su madre le abandona”. Por C.

“Por telégrafo. Muerte del general Páez Jaramillo”. Por Molero.

“El conflicto ferroviario. Negociaciones laboriosas. Lo que dice el ministro de la gobernación”.

 

LO PROHIBIDO

En virtud de las órdenes transmitidas por la censura, quedan prohibidas las noticias y comentarios referentes:

A las instituciones fundamentales.

A la cuestión militar.

A las juntas de defensa, militares y civiles.

A los movimientos de tropas

A nombramientos militares.

A los manifiestos y proclamas societarias.

A los mítines y huelgas.

A exportaciones.

A torpedeamientos de buques en los puertos españoles.

A movimientos de buques en los puertos españoles.

A la neutralidad nacional.

Quedan prohibidos, asimismo, los comentarios sobre la guerra.

Y no se permite que aparezcan blancos en los periódicos.

 

SOBRE EL DIRECTOR DE “EL MUNDO”, AUGUSYTO VIVERO:

“La guerra civil será un punto de inflexión importante para la vida de muchas cabeceras. Es el caso de ABC en su edición madrileña. Este diario de tradición monárquica, será incautado por un Consejo Obrero al frente del cual estará Augusto Vivero. En estos primeros momentos, Elfidio Alonso se encargará de la representación de Unión Republicana en ‘ABC’.
Vivero había intentado convertir a ‘ABC’ en un periódico republicano. Pero la realidad es que los milicianos que luchaban en el frente no se sentían atraídos por el mismo sino por periódicos comunistas y socialistas. La dirección del periódico entiende que ‘ABC’ debe ser un órgano republicano, razón por la que pide respaldo político a Martínez Barrios.
Son momentos de violencia virulenta. Augusto Vivero apuesta por publicar los acontecimientos más sórdidos, razón que conduce a un cambio en la dirección.”

 

http://www.elmentidero.com/2008/03/28/elfidio-alonso-el-narrador-del-siglo-xx/

 

Ciertos periodistas, afirmando no estar sometidos a la misma ideología o

patrón, se dirigieron a sus compañeros para avalar la siguiente propuesta:

«Los que suscriben, periodistas en ejercicio, manifiestan que, apreciando

en la práctica el error de estar constituido el Tribunal de honor de la prensa

exclusivamente por directores de periódicos, están de acuerdo en la necesidad

de constituir un Tribunal mixto de directores y redactores, por partes

iguales, y cuyo presidente le votarán los que compongan dicho

Tribunal».

Los periodistas que avalaran dicha propuesta, debían remitir su firma al director

de El Mundo, Augusto Vivero. El comunicado había sido firmado por

Rodrigo Soriano, Vicente Gay, Ballester Soto y Rogelio Pérez Olivares, aunque

no por Vivero.

 

http://revistas.ucm.es/inf/11370734/articulos/HICS9898110323A.PDF

 

Pero acaso sean los periodistas los que proporcionalmente tienen mayor número de condenados y muertos en la represión que sigue al final de la contienda. Si alrededor de treinta sólo en Madrid son condenados a muerte, una docena más perecen ejecutados. El primero en caer es Mauro Bajatierra, corresponsal de guerra de «CNT», que el mismo 28 de marzo de 1939 es abatido a tiros a la puerta de su domicilio. A su nombre pronto hay que agregar otros como los de Javier Bueno, presidente de la Asociación de la Prensa; el veterano Augusto Vivero; Navarro Ballesteros, director de «Mundo Obrero», los ya citados de San Andrés, Zugazagoitia y Cruz Salido, Carlos Gómez «Bluff», caricaturista de «La Libertad», Cayetano Redondo, Juan Manuel Valdeón y unos cuantos más —Angulo, Sanchez Monreal, Díaz Carreño y mi propio hermano Ángel— que, dados por desaparecidos en un momento dado, resultó en definitiva que habían sido fusilados.

Tiempo de Historia nº 41, abril 1978. Eduardo de Guzmán

http://www.memorialibertaria.org/spip.php?article927

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