LIGERO DE EQUIPAJE, LA VIDA DE ANTONIO MACHADO

26 de agosto de 2008, por la tarde

 

Acabo de terminar la lectura del libro “Ligero de equipaje, la vida de Antonio Machado”. El 20 de julio, en esos pocos días de alta que nos dieron antes del último tratamiento, Manolo había quedado con el autor, Ian Gibson, en casa, para tratar sobre una futura obra biográfica sobre Luis Buñuel, y le había regalado el libro dedicado.

 

Ya en el hospital habíamos empezado tanto él como yo a leerlo, aunque los últimos días él se sentía cansado y con malestar y no podía concentrarse en la lectura, yo procuraba atenderle y hablarle, leerle el periódico y así también interrumpí el libro.

 

Tras su marcha lo retomé poco a poco, primero en casa de mis padres, después en Chipiona y finalmente aquí en Madrid.

 

Ha sido una de las lecturas más duras y dolorosas que he hecho en mi vida, creo que ningún libro de poesía, que tanto me atrapan,  ha podido dejar en mi tanta huella, me ha hecho sentir tantos sentimientos, me ha emocionado tanto. He llorado a lo largo de las vivencias tanto por el desamor en principio como por el pronto enviudamiento posterior, como finalmente con la muerte.

 

Pero también me ha ayudado a conocer más y a reflexionar no solo sobre la vida del poeta, su poética, su obra, sino también de la situación política en la que vivió y que no he podido evitar en muchos momentos relacionar con la realidad política contemporánea.

 

En mi conversación con Ian Gibson  el lunes 21 de Julio ya salió entre muchos otros el tema de la política y recuerdo que él comentó refiriéndose al PP que no eran demócratas.

Ayer P. me trajo el periódico “El Mundo”, donde encontré un reportaje que me hizo recordar esa conversación:

Es un reportaje- encuesta sobre los presidentes de la democracia, el peor valorado es Zapatero a pesar de que a mi parecer es el que más avances ha hecho en pocos años, el que mejor ha cumplido sus promesas, el más transparente, el más feminista y homófilo, el que ha intentado dar un primer paso para recuperar la memoria histórica, en definitiva el más demócrata.

En una nota editorial de la página 3, se dice “Pero la encuesta también ofrece paradojas como por ejemplo que Felipe González recibe una nota superior a la de Aznar como protector de las libertades públicas, algo que no se corresponde con la realidad”. Defender las libertades públicas según ellos consiste en apoyar guerras ilegales y disparar y apalear a las personas que como yo nos manifestábamos en contra de esa decisión, para mí claro que no son demócratas, son violentos y me aterrorizan cuando se manifiestan contra el gobierno con la excusa del victimismo y con banderas falangistas.

El mejor valorado es Adolfo Suarez, que lo único que hizo fue una transición basada en unos pactos en los que los representantes de la izquierda tuvieron que renunciar a sus principios de republicanismo, laicidad y socialismo mientras los representantes de la derecha no renunciaron a nada, como hemos padecido con Aznar ni siquiera a la “dialéctica de los puños y las pistolas”.

Desafortunadamente no me creo mucho los resultados de las encuestas en general, desde que la mayoría de los encuestados adelantaban un “No” a la Otan y en el referendum salió “Sí”.

 

Todo esto me recuerda la imagen del personaje que Machado caracterizó con sotana y tricornio.

 

Así he vivido los acontecimientos de los últimos años de la República a través de los manifiestos y poemas de Machado y de la hermosa redacción de Ian Gibson.

Me he identificado con sus valores, aunque no me considero actualmente cristiano, he de reconocer que en un principio sí me consideraba tal y me interesé mucho por el sermón de la montaña y las bienaventuranzas, por el mensaje socialista y pacifista de Jesús, y compartí esas ideas desarrolladas por León Tolstoi y Gandhi, que me llevaron a concienciarme políticamente y objetar al militarismo.

 

Por supuesto desde mi trabajo de maestro siempre he admirado la Institución Libre de Enseñanza, precursora de todos los métodos modernos de enseñanza  que yo intento practicar en las aulas, desde el diálogo en las asambleas y el respeto entre alumnado y profesorado, a las técnicas de aprendizaje autónomo, la investigación, el respeto a la naturaleza y por supuesto la poesía, y que fueron truncados durante los años de la dictadura.

 

Nunca entenderé porqué se le sigue llamando “Nacional” y “nacionalistas” al bando rebelde, traidor al gobierno legítimo. Al menos en la acepción más contemporánea nacionalista es el que cree en la independencia de su pueblo, y en aquella contienda el bando más independiente, incluso a su pesar, fue el republicano.

 

La verdad es que hasta ahora conocía muy poco a Antonio Machado, sus poemas me parecían excesivamente naturalistas, hablando del campo, las montañas, los ríos… , Ian Gibson me ha ayudado a descubrir que detrás de cada verso hay una imagen que dice algo más personal, más íntimo, más humanista, más poético.

 

En definitiva me parece un libro extraordinario y lo recomiendo a todo el que quiera vivir una aventura literaria fascinante, emocionante y humanista.

 

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