JUAN CARLOS TRUJILLANO

CARLOS M. TRUJILLANO

 

Carlos M. Trujillano. Personaje de ficción de nombre más eufónico que el que sobrelleva el ser aparentemente real que lo inventó por razones personales. Le nacieron por primera vez en Madrid hace 38 años y desde entonces ha intentado nacer por sí mismo incontables veces, consiguiéndolo algunas, con bastante esfuerzo, y otras, casi sin ninguno, gracias a la vida. Escribe desde que consideró que podía modelarse con palabras un exvoto para arrojar al fuego, aunque después pensó que sería bueno rescatar el exvoto para dejar huella del fuego, e incluso propagarlo. Así, ha vivido a vueltas con las palabras y las emociones, mundos que a menudo casan mal, llegando a concebir emoción por las palabras y palabras por las emociones, estado de notoria confusión, propio de escritores.

 

Ha escrito poesía y narrativa. Los títulos de sus libros son:

El ritual del humo. Baciyelmo ediciones. Madrid 1998.

La trama de los sueños y otros relatos. Baciyelmo eds. Madrid 1998.

 

Transeúnte. Madrid. Baciyelmo eds. Madrid 2000.

y Fábulas desmoralizadas. Baciyelmo eds. Madrid 2002.

 

Ha hecho lecturas de poemas y textos narrativos en diferentes salas y librerías de Madrid. Colaboró con la galería Zambucho para Estampa de 2000 con poemas para la edición Cielo la lluvia con grabados originales de Nieves Galiot, de la colección de Obra gráfica y Poesía de Zambucho Ediciones

 

http://www.zambucho.com/ediciones/grafica_poesia/palimpsesto.htm

 

MUERTE DE UN AMIGO.

 

CARLOS TRUJILLANO

 

Le conocí en Santander el año pasado. Acudió junto con Eugenio Castro, Julio Monteverde y José Manuel Rojo a la presentación de Salamandra que organizamos en Santander. Buena persona, observadora y cordial. Recuerdo que el domingo por la mañana, en el mercadillo del Pasaje de Peña, compró un cuadro. En una cafetería cercana a las estaciones de tren estuvimos hablando bastante acerca del cuadro. Y de otras cosas.

.

Colaborador estrecho del Grupo Surrealista de Madrid. Algunos de sus textos aparecieron publicados en Salamandra. Me entregó varios ejemplares de su libro de poemas “El ritual del humo”, editado por Ediciones la Torre Magnética, en el año 2005.

 

He aquí uno de sus poemas:

 

Decidme que no es cierto:

que no caigo sin sentido en este pálpito

de sílabas obsesas con que mido

la llama funeral del pensamiento.

.

Decid que he germinado sin saberlo

como el pájaro en flor cada mañana

que aquilata su canto sin esfuerzo

ingrávido y celeste entre las ramas.

 

Entre las ramas, las hojas y los astros…

Entre el todo y la nada.

 

http://vicentegrez.blogspot.com/2007_01_01_archive.html

 

Manolo y yo lo conocimos en las actividades del Grupo Surrealista de Madrid. Recuerdo especialmente el recital “La poesía posee”, en el que Juan Carlos recitó ante un auditorio con los ojos vendados con una faja de lienzo con la inscripción “La poesía posee”. Pudimos disfrutar plenamente de su voz, de su cadencia, de su calidez, de su armonía, de su paz, de su fuerza, de su emotividad. Creo que Manolo disfrutó mucho con este recital, yo también desde luego, y lo comentamos muchas veces. Desde aquel día el nombre de Juan Carlos Trujillano lo asociábamos a una voz capaz de emocionarnos.

 

Al fallecer le escribí un poema que en principio estaba destinado a un homenaje poético, finalmente no pudimos asistir al homenaje y el poema se quedó en un cajón. Ahora quiero retomarlo y regalárselo a su compañera y su hijo con todo mi cariño y el recuerdo de Manolo.

 

AYER SE ME ACABÓ EL DÍA

(Para Juan Carlos Trujillano)

 

 

Ayer se me acabó el día

entre flores rasgadas de cartón.

 

Ayer se me acabó el secreto

tras años de esporas y asimetrías.

 

Ayer se me acabó el día

sin darme apenas cuenta,

como en un invierno,

entre mil espinas.

Como se desprenden los pétalos de la Ilíada.

 

Ayer se me acabó el secreto

sin darme apenas fuerzas,

como en un laberinto

de abreviaturas y antologías.

Como se funden los metales tras las celosías.

 

Ayer se me acabó el día

sin que un apretón de manos pudiera retenerlo.

 

Ayer se me acabó el secreto.

Y se disolvieron todas las palabras entre las heridas.

 

Ayer se me acabó el día

mientras escribía una carta en medio de la baraja.

Y sentí en la frente un resplandor

que hizo brotar en mi pecho mil espigas.

 

Ayer se me acabó el secreto

y no encontré el camino

para amordazar el tiempo.

Y no tuve tiempo

para descifrar su sueño.

 

Ayer se me acabó el día

sin darme apenas cuenta

de que no sufría.

 

g.bruno 07

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1 Response so far »

  1. 1

    Rosa said,

    Gracias Pedro por tus palabras. Al leerlas yo también he recordado el día en el que todos, con los ojos vendados, escuchabamos los poemas dejándonos llevar por la voz. La voz era uno de sus atractivos, había muchos más…
    Leeré poco a poco este blog que has dedicado a Manuel para así acercarme un poco mas a vosotros y compartir de algún modo tu sentimiento de perdida, que comprendo es mucho.
    Un beso.
    Rosa.


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