LUÍS BUÑUEL

LUÍS BUÑUEL

 

Un perro andaluz (1929)

L’âge d’or (La edad de oro) (1930)

Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933)

La ilusión viaja en tranvía (1954)

Viridiana (1961)

El ángel exterminador (1962)

Tristana (1970)  Con Lola Gaos,

Ese oscuro objeto del deseo (1977)

 

 

 

 

 

 

 

El conocimiento y admiración de Manolo (y también el mío) por el cine de Buñuel, parte de su relación con Aranda.

Aranda fue el primer biógrafo de Buñuel, en un momento en que en España no era conocido ni respetado el trabajo de este gran director, incluso denostado.

La referencia del libro es: “Luís Buñuel, biografía crítica”, Autor: J. Francisco Aranda. Editorial Lumen. Colección “Palabra en el tiempo”. 1970.

 

A través de Aranda, Manolo conoció personalmente al director. Además toda la documentación del libro que incluye fotografías de muchas de las películas, ha obrado en poder de Manolo, hasta que las donó a la Filmoteca Española, en diciembre d 2005, junto con otros muchos documentos de Aranda como crítico cinematográfico, con el compromiso por parte de ésta de editar un libro de la colección “Cuadernos de la Filmoteca” dedicado a Aranda.

 

Hemos visto casi todas las películas, en ciclos de la Filmoteca, en  ciclos de televisión, en el Cine Bellas Artes y en videos.

 

Sólo he destacado algunos títulos aunque realmente nos gustan prácticamente todas.

“Un perro andaluz” y “La edad de oro” son las más surrealistas aunque en casi todas podemos encontrar escenas o detalles de surrealismo y poesía radical. Las relacionamos con el desarrollo cultural de los años 30, con la Residencia de Estudiantes, con Lorca y Dalí, con el espíritu republicano, con el internacionalismo.

 “Las Hurdes” fue duramente criticado, pero fue el primer documental con técnica cinematográfica contemporánea. Sirvió, mal que les pese a sus retractores, para dar a conocer al mundo la situación de miseria por la que atravesaban en esos años muchas zonas de España y para que les llegaran ayudas oficiales y pudieran progresar. 

“La ilusión viaja en tranvía” podría ser la preferida de Manolo. El mundo de los tranvías como el de los trenes y en general las máquinas de vapor siempre le fascinaron. Solía contar anécdotas como que de pequeño se montaba en los topes, junto a sus amigos de la calle. Había escrito un manual describiendo las diferentes situaciones conflictivas que se podrían encontrar, por ejemplo cuando se les acercaba el revisor y tenían que saltar, a veces se encontraban con un socavón y el golpe podría ser muy grave. Desgraciadamente este manual se perdió en una inundación en los sótanos de su casa. El título de la película podría estar dedicado a su memoria. Por otro lado el argumento es poético, humanista e intemporal.

“Viridiana” y “Tristana” son las que más veces hemos visto programadas y procurábamos no perdérnoslas. También incluyen detalles surrealistas, un profundo humanismo y mucha reivindicación de libertad. Manolo solía recordar el momento en que un leproso introduce el codo en el agua bendita como forma de acción directa contra el fanatismo y la beatería. Destaco la figura de Lola Gaos, la admiramos, Manolo recordaba como su padre fue cruelmente asesinado por los fascistas. Yo recuerdo que al poco de llegar a Madrid, a finales de los 80, asistí a un recital en recuerdo a las víctimas del franquismo. Allí estaba ella, todos sus predecesores ante el micrófono proclamaban que hay que perdonar pero nunca olvidar, al llegar su turno sentenció: “Yo no olvido, ni perdono”. Se me cayeron las lágrimas de emoción y comprobé que no fui al único. Toda una mujer, toda una persona, toda una historia universal.

“El Ángel Exterminador” nos gustaba por su tratamiento alegórico de la asfixia en que se vivía y la crítica radical a la burguesía y sus costumbres decimonónicas.

Respecto a “Ese oscuro objeto del deseo”, además del contenido erótico y liberador, la película es una obra fabulosa; no podemos dejar de relacionarla con una de las primeras exposiciones de arte surrealista que vimos en el museo de la Diputación de Teruel que se titulaba “Ese oscuro objeto del deseo”, Manolo había prestado una obra de Aranda para la exposición y cuando fuimos a la inauguración la cedió al museo. “Los objetos nos dan órdenes”, era una de las sentencias más repetidas por Manolo a lo largo de su vida.

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