2007 PAÍSES ESCANDINAVOS (ÚLTIMO VIAJE)

2007 PAISES ESCANDINAVOS

 

Este fue el último gran viaje que hicimos juntos, en la segunda quincena de Agosto. Seguramente tenía apuntes detallados del viaje que no había pasado a limpio, y en la locura limpiadora que me dio los primeros días debí tirarlos junto con el millón de papeles que llevé al contenedor de reciclaje.

Me quedan las fotos e intentaré hacer un recorrido por los lugares y los recuerdos de este entrañable viaje.

 

De Madrid volamos a Copenhague. Era un viaje organizado, en el aeropuerto de los guías fueron repartiéndonos en los diferentes tours, mientras tanto nos llamaron la atención la escultura de dos turistas asomados a la barandilla sobre nuestras cabezas.

 

Cuando llegamos al hotel descubrimos que estaba junto a una estación de trenes lo cual hizo muy feliz a Manolo. Estábamos muy cerca de La Sirenita y se me antojó que nos acercáramos verla cuanto antes. Tras descansar un poco, dimos un paseo por el parque del Castellet. Se celebraba una maratón, multitud de corredores y corredoras de todas las edades aunque preferentemente jóvenes, daban varias vueltas al parque. En el centro vemos una pequeña fortaleza militar. Atravesando el parque llegamos hasta el Palacio Amalienborg, la residencia real, con la impresionante fuente de Gefion coronando el centro de la plaza que rodea el palacio. Nos fascinó, es el monumento más grande de Noruega y es de gran belleza. Representa a una diosa nórdica que guía un carro tirado por bisontes. Una versión nórdica de nuestra Cibeles. Como fue inaugurada a principios de siglo XX tiene un estilo modernista. Al pié de la fuente estaba la meta de la maratón y los participantes llegaban extenuados.

Por el parque fuimos descubriendo una serie de esculturas de personajes habitualmente desnudos. Y llegamos a La Sirenita. A pesar de que es pequeña en relación a Gefión, tiene el encanto de su universalidad, al borde del mar sobre su roca parece ajena a las incesantes flashes que se estrellan contra ella. Y eso que ya no era hora de tours, sólo los visitantes curiosos y solitarios como nosotros nos adentrábamos en el confín de la ciudad.

Mirando al mar vimos un bonito arcoiris cayendo sobre una embarcación.

Volvimos hacia Gefión y el Amailienborg con Neptuno y Mercurio coronando las columnas que franquean la puerta principal.  Estaba anocheciendo y caminamos hasta el centro de la ciudad. Pasamos ante el Palacio real y divisamos la Ópera al fondo. Entramos a cenar en un bello restaurante muy animado y bullicioso. Tras cenarpaseamos por el New Haven, A mi me dolían los piés porque me hacían daño los zapatos, sin embargo Manolo estaba lleno de energía y quería seguir paseando y viendo novedades. No recuerdo bien si tomamos un taxi o volvimos caminando hasta el hotel.

Descubrimos que junto al hotel había una galería de exposiciones Fluxus.

 

Al día siguiente nos hicieron en autobús una visita guiada de la ciudad. Fuimos dando una vuelta por el Castellet, descubrimos una bonitas casas tradiciones con la estructura de madera, vimos de nuevo La Sirenita y nos llevaron al centro, paseamos por una gran plaza donde destacamos unas esculturas prísmicas de metal firmadas por “Pomodoro”. Desde allí nos acercamos a la Iglesia de Mármol, estaba cerrada, pero a su alrededor, en un perímetro vallado descubrimos grandes esculturas marmóreas de santos. La visita tras mostrarnos desde el bus la Bolsa y el Parlamento, terminaba en el New Haven y nosotros continuamos paseando.

 

A Manolo le gustó mucho la plaza Kongest Nitory por su ajardinamiento de flores coloristas, a mi me gustó parte del grupo escultórico que rodea la estatua central. Nos divirtió ver a unos japoneses, habían alquilado una bicicleta, había varios puntos en la ciudad donde podías tomar la bicicleta introduciendo una moneda para quitar la cadena y volver a dejarla en cualquier otro punto, una chica se había montado y otros dos chicos le estaban filmando mientras daba una vuelta alrededor de la plaza. Volvimos a pasar junto a la Bolsa y el Parlamento para llegar a una placita con un rastro que habíamos visto desde el bus, con un grupo escultórico que representa a dos personajes de pié que sostienen a un tercero en vertical sobre sus cabezas, creo que se titulaba “La familia”. Estuvimos buscando algún recuerdo entre las mesas de antigüedades. Manolo compró una vinajeras y yo compré una caja metálica con la imagen de La Sirenita que sirve para contener cajas grandes de cerillas. Seguimos caminando, vimos una iglesia que alrededor alojaba un cementerio, nos llamó la atención una escultura de “La muerte”.

 

Y llegamos al parque Ostads. Con una frondosidad delirante, verdes de todos los tonos, a Manolo este tipo de ambientes le llenaban de energía. La foto que encabeza este blog pertenece a un bello lago rodeado de sauces y grandes árboles y arbustos en este parque. Además estaba plagado de esculturas de jóvenes efebos, en todas las posturas. Casi todas las esculturas de Copenhagen, que son muy abundantes tienen un color verde-grisáceo propio del óxido producido la salinidad del ambiente, que le dan un aire de antigüedad grecorromana. Fotografiamos todas las que caían a nuestro paso.

 

Tras deleitarnos y cargar las pilas caminamos hasta el Rosemborg Slot, es un castillo convertido en centro cultural, se exponen joyas reales incluidas coronas muy llamativas. Estaba rodeado de un inmenso jardín, donde me llamaron la atención las farolas mantenidas sobre obuses plantados en vertical, una forma de reconversión de la industria militar en industria civil. Había un árbol inmenso que le fascinó especialmente a Manolo.

 

El día siguiente fuimos al Museo Nacional con exposiciones de arte contemporáneo. Había una de Jorgen Haugen con cerdos como protagonistas, hicimos varias fotos para regalar a JCV que es un amante de este tipo de iconos.

 

Por la tarde estuvimos visitando el centro Fluxid-Fluxus. El moviendo Fluxus lo conocemos porque en Malpartida de Cáceres, a pocos kilómetros de Cáceres, en pleno parque de los Barruecos, un paraje encantador, en los años 50, un artista alemán : Vostell, levantó un museo restaurando un antiguo edificio con molino que servía en los para esquilar las reses, lavar e hilar la lana. La colección que incluye a artistas universales como Yoko Ono, forma parte de la tendencia Fluxus, Lo descubrió Manolo al asistir a un encuentro de artistas portugueses y españoles en el que participaba nuestro amigo lisboeta M.C. Le habían impactado las propuestas artísticos de este colectivo, compró un catálogo y en cuando pudo me llevó a verlo. Después hemos visto alguna exposición en el Museo reina Sofía. El Fluxid-Fluxus incluía propuestas de arte social como el “World Peace Economy” con gran cantidad de objetos- ensamblajes, con textos en inglés como “The peace Hammer.”, “Freedom is social”, “Poetical economy”. Casualmente esa misma tarde tenía lugar una performance de una artista que interpretaba una partitura de sonidos con una voz y una garra prodigiosas. Nos pareció excepcional. La estuvimos saludando, dándole la enhorabuena y le comentamos nuestro conocimiento de Fluxus y del Museo de Malpartida.

 

Al salir era ya de noche y Manolo quería ir al Tívoli, tomamos un autobús que nos dejó muy cerca. Nos montamos juntos en la noria, y Manolo se montó en el witoma gigante, son unas sillas voladoras pero que suben por un mástil hasta una altura impresionante. A Manolo siempre le han atraído mucho las atracciones de verbena que le recordaban su niñez, y en especial los witomas. Tuvo que hacer una larga cola, pero le mereció la pena. Después cenamos en un restaurante chino, nos llamó la atención un detalle que ya habíamos visto la primera noche en los New Haven, y es que los camareros tenían mantas y los comensales se sientan en la terraza y se abrigan con las mantas, porque por la noche hacía mucho frío, nosotros preferimos cenar dentro, donde curiosamente no había casi nadie.

 

A la mañana siguiente Manolo estuvo haciendo varias fotos a los trenes que llegaban cada pocos minutos a la estación. Salimos a pasear por la ciudad, Manolo fotografió un cartel anunciador de NY Circus Festival con unos bellos  acróbatas, llegamos a la plaza Coty Hall cerca de la cual esta el Tívoli y nos encaminamos a la Glyptotek , museo de arte clásico donde nos llamó la atención una escultura de un personaje priápico, desde la terraza fotografiamos el witoma que imponía por su altura.

 

Al salir continuamos cruzando el puente hacia Christiania. Manolo estaba cansado y se paró junto a un canal cerca de una iglesia con una torre en espiral, yo me acerqué a ver la iglesia y desde allí descubrí el emplazamiento de la comuna. Volví para decírselo a Manolo que ya estaba en la Iglesia. Me contó que había presenciado la caída de un bebé desde la borda de un barco que estaba atracado en el canal y que su padre se había lanzado al agua a rescatarlo. Le había impresionado mucho. Caminamos hasta la entrada de la comuna y la recorrimos. Tiene detalles muy bonitos, paredes decoradas con técnica de grafitti artístico, con alusiones antibélicas, una plaza con barra de bar y bancos donde los jóvenes fumaban marihuana, un pequeño museo de objetos elaborados con materiales industriales, una barca convertida en macetero frente al centro de información en el que nos llamó la atención el inmenso mural donde se explicaba con imágenes la historia de la ocupación, dentro del contexto histórico y social. Muy edificante. Al volver vimos junto a la estación de metro un grupo de jóvenes ataviados con vestimenta griega y montados en bicicletas alquiladas, nos hizo gracia.

 

Volamos hasta Bergen. Al llegar lucía el sol, pero nos dijeron que llevaban muchos días de lluvia sin parar. Nos hicieron una visita guiada a pié por la ciudad, empezó a llover y tuvimos que ir con los paraguas abiertos. Nos enseñaron la escultura homenaje a Vigeland, y nos enseñaron todo el centro con construcciones características de madera y subimos en el funicular para ver la montaña de los Trolls. A Manolo le encantaban los funiculares y todos los medios de transportes relacionados con raíles. Dimos un paseo descubriendo las esculturas de madera de los Trolls y volvimos a bajar. Seguimos paseando y entramos en el edificio de correos con unos murales espléndidos. Vimos una fuente con esculturas de hombres alrededor.

 

Al día siguiente visitamos el Museo Rasmus Meyer, con varias instalaciones muy innovadoras, está situado en una plaza que en medio tiene un gran estanque con surtidores. Paseamos mucho, nos compramos unos chubasqueros, unos paraguas y un gorro de pescador de bacalao, en realidad no volvimos a necesitarlos en casi todo el viaje. Descubrimos diversas tiendas de anticuarios, callejones con mucho encanto y terminamos en un café- galería con una exposición de fotografías e unos artistas cubanos.

 

Al día siguiente empezamos el recorrido de autobús, nos llevaron a Voss, una pequeña ciudad donde íbamos a dormir pero que de momento solo paramos unos minutos para continuar hasta la “Cascada de la Juventud”. Impresionante caída de agua, una de tantas que íbamos a ver a lo largo del viaje pero que en este caso teníamos a nuestros pies. Comimos en Stalheim, en todos los restaurantes del viaje teníamos reservada mesas para el tour, y me hacían comida especial habitualmente a base de pasta. En Stalheim entramos en una grieta del suelo desde donde se accedía a una pequeña ventana desde la que en la segunda guerra mundial disparaban. Nos llevaron a ver un campamento vikingo con restos de cabañas y una barca. Nos montaron en el Flam, un tren que recorre la montaña. Manolo a sus anchas haciendo fotos a otros trenes, respantingándose en los asientos. Hace una parada junto a una cascada donde unas bailarinas danzan entre las rocas bajo el agua. Ela estación de Myrdal, tomamos otro tren no turístico para regresar a Voss, Manolo fotografió un letrero en español pintado sobre el vagón del tren: “vía férrea de gálibo estándar sin cremallera”.

 

Al día siguiente nos levantan temprano para llevarnos a tomar el barco que hace el crucero por el Fiordo de los Sueños, una de las mejores fotos que he hecho a Manolo es durante este trayecto, estaba muy nublado no pudimos ver las grandes paredes que al principio encajonan el fiordo. Avistamos algún ánade. Al final del fiordo continuamos el viaje en autobús, paramos en una pequeña ciudad con casas típicas noruegas- vikingas con tejados de paja y un cementerio. Llegamos cerca de la lengua de un glaciar donde paramos en un restaurante para comer con vistas al glaciar.

 

Y llegamos al helicóptero, entre las opciones no incluidas en el precio del viaje que nos ofrecían estaba la de dar una vuelta en helicóptero para ver desde arriba el glaciar Jostedal. Desde el principio habíamos descartado esta opción por innecesaria y por cara, pero cuando el guía nos la recordó Manolo empezó a decir que no íbamos a tener otra oportunidad de montar en helicóptero, que ya podíamos hacer el completo…yo le decía que no era tan interesante.  Cuando pasó apuntando le dijimos que no. Pero cuando bajó del autocar con el primer grupo, volvió a subir y dirigiéndose a nosotros nos dijo: “Tenemos una plaza más”, Manolo se adelantó enseguida sin pensárselo, se montó al lado del piloto e hizo unas fotos estupendas. Creo que fue la actividad que más disfrutó del viaje, estuvo a punto de perdérsela por mi falta de interés.  Ahora me arrepiento de no haberme montado con él. Después fuimos juntos caminando hasta la lengua del glaciar, habo que subir una pendiente muy alta y empinada. En el camino pasamos bajo una cascada que formaba una cortina de agua en aspersión que al ser atravesada por el sol generaba un arcoirís. Cuando no quedaba mucho, Manolo estaba muy cansado, le dije que se quedara en un mirador desde el que se veía el final, yo iría y volvería. Pero al volver me lo encontré llegando. Se hizo toda la subida y volvimos a bajar juntos.

 

Seguimos en el autocar y paramos en Djupvasshvtta donde había matorrales de una planta que llaman algodón ártico. Como estábamos tal altos vimos un mar de nubes, espectacular vista al ras de las nubes. En Dalshbha nos acercan al borde un acantilado. Cenamos en un restaurante que en la explanada frente a la entrada tiene un museo de aparatos. Al aire libre una tanqueta que Manolo examinó muy detenidamente.

 

Navegación por el fiordo Geïranger, con accidentes geográficos como las cascadas que llaman “Velo de la novia”, “siete hermanas”, e historias curiosas como una granja del siglo XIX en el borde del precipicio, nos cuentan que la familia que vivía allí, cuando salía de casa para labrar la tierra, ataban a los niños a las vigas para que no se cayeran al fiordo.  Al final del fiordo llegamos a Alesud. Ciudad con edificios modernistas muy bellos donde dormimos.

 

Al día siguiente visitamos la ciudad, lo más destacable además de los canales es el museo etnográfico. Creo que hicimos otra noche y salimos con el autocar por una carretera imposible con giros de 360 grados  y una inclinación de vértigo, cuando llegamos a la falda de la montaña aplaudimos al conductor. Llegamos a Llllehammer, ciudad de juegos de invierno, cerca de Oslo, subimos en un telesilla a la pista olímpica de esquí.  , cenamos en un restaurante que es un edificio tradicional con vigas de madera.

 

Llegamos a dormir a Oslo y al día siguiente nos hacen el recorrido guiado de la ciudad. Visitamos el Museo Folclórico con casas vikingas de madera, el Museo de Barcos Vikingos, el Fram, que es el barco que condujo Nansen por todo el mundo. y el Parque Vigeland con una gran cantidad de esculturas que  representan las edades del hombre. Nos gustó mucho y nos hinchamos a hacer fotos. Manolo quiso que le hiciera una tocando su horóscopo, dice una leyenda que quien toca su horóscopo vuelve a la ciudad, sin embargo él no podrá volver. Es el lugar que más me gustó del viaje y creo que a él también. Al día siguiente fuimos a ver el Museo Munich que había sufrido recientemente un roboy podía verse el impacto de una bala en el cristal. La obra más famosa “El grito” no estaba. Y volvimos al Parque Vigeland a seguir fotografiando. Después dimos un paseo en autobús urbano y descubrimos el monumento a los noruegos de las brigadas internacionales que lucharon en la guerra civil española, es un dolmen de granito con una placa conmemorativa, está en una bella placita con una fuente y una pequeña escultura de un caballo. Muy interesante y fuera del circuito turístico.

 

Y viajamos en autobús a Copenhagen, visita guiada de la ciudad, nos llamaron la atención las casitas como de juguete en las puertas de algunas casas que son buzones. En una tiendo descubro un juguete que representa un “Midsommerstuck”, desgraciadamente no pudo comprarla porque estaba cerrada y no lo volví a ver. Nos llevan al ayuntamiento, que en realidad es un palacio real con trono y todo. El Vasa que es un inmenso barco ricamente labrado en el que se habían gastado todo el oro de la corona y que al ir a botarlo se hundió, al cabo de mucho tiempo lo sacaron del agua y lo pusieron en dique seco y le construyeron una cubierta para convertirlo en museo. Por nuestra cuenta nos adentramos en el parque Skansen, que incluye un zoológico donde fotografiamos osos, caballos en celo y un alce; desde que entramos en el país nos habían dicho que podríamos avistar algún alce en la carretera y de hecho había señales que alertaban del peligro de chocarse con ellos, pero no los vimos nunca hasta llegar al zoo. Incluye dos grandes “Midsommerstuck”. Yo conocía este objeto por la familia de un alumno, en una de nuestras fiestas interculturales habíamos fabricado uno en el aula para cantar y baila a su alrededor como suelen hacer en este país en el solsticio de verano. Es como una muy alta cruz de cuyos brazos cuelgan dos grandes coronas todo adornado con flores y arbustos, en este caso tenía símbolos judaicos. También en este ciudad descubrimos un monumento a los luchadores en las brigadas internacionales, en este caso tiene forma de brazo con la mano abierta recordando las pinturas de Picasso, y el suelo un mosaico del mapa de España con las ciudades donde lucharon. en la pilastra de base de la escultura, hay una placa conmemorativa.

 

Y vuelo a España, tras viajar en avión, barco, autocar, telesilla, funicular, tren, y Manolo especialmente en witoma y helicóptero. Un viaje pleno de sueños, de arte, de historia, de mitología, de naturaleza, de panteísmo. Manolo estaba lleno de energía y de vida. 

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