NELKEN

“NELKEN”

Coreógrafa: Pina Bausch.

Teatro Real.

Año: 1998

 

La segunda de las piezas que presenta el Tanztheater Wuppertal de Pina Bausch es Nelken (Claveles), que fue estrenada en 1982. En ella aparecen unos elementos que, de una forma u otra, siempre han acompañado al trabajo de Pina Bausch: el humor y la ironía. En Nelken la primera pregunta fue acerca de la Navidad. “Esta vez, todos los miembros de la compañía me describieron su menú de Navidad, lo que suelen comer. Y recuerdo haber preguntado también en qué momento se habían sentido hombre o mujer por primera vez”, comenta Pina Bausch.

http://www.accessmylibrary.com/coms2/summary_0286-31918705_ITM

 

La presencia de Pina Bausch en el Teatro Real levantó, como no podía ser menos, una áspera polémica. Para muchos ese tipo de danza, alejado de cualquier convención, suponía una traición a los principios de este arte. Para muchos más la coreógrafa alemana había abierto unos caminos apasionantes en el lenguaje de la danza que, desde fijaciones muy diferentes y de gran riqueza, llegan a las raíces que la fundamentan. Curiosamente los espectáculos presentados, que parte del público encontró subversivos, tenían algunas fechas desde la de su estreno. La versión danzada de “Ifigenia en Tauride” de Gluck se presentó en 1974 y “Nelken” (“Claveles”) en 1982. Las reacciones ante estos espectáculos eran la mejor prueba de su permanencia. Al tiempo se producía el estreno mundial de “La Celestina” (argumento de Adolfo Marsillach, música de Carmelo Bernaola y coreografía de Ramón Oller) que, desde luego no presentaba los matices de ruptura en la narratividad y la expresión de la estética de Pina Bausch, aunque tampoco puede ser considerada como un producto convencional al uso.

http://www.funjdiaz.net/folklore/07ficha.cfm?id=1773

 

Ha sido la única vez que hemos asistido a un espectáculo en el Teatro Real, en general a ninguno de los dos nos gusta la ópera, Manolo solía decir que es un género anclado en el pasado, donde los cantantes siempre presentan un engolamiento en la una voz con “pluma de macho” que le resultaba insufrible.

Por mucho que lo adornen con vestuario y escenografía contemporánea la partitura no se puede cambiar.

 

Por eso cuando programaron una función de danza contemporánea nos lanzamos a visitar el teatro y disfrutar con un espectáculo de nuestro siglo.

Los dos disfrutamos mucho, las coreografías eran increíblemente diferentes incluso de los espectáculos de danza que solíamos ver a menudo (hemos asistido a todos los estrenos de la compañía de Nacho Duato). Recuerdo por ejemplo al bailarín que se acerca desde el fondo de la escena picando cebollas. Y los números de grupo que unían a la poesía de la danza las acrobacias del cine musical. Fantástico.

 

Pero creo que a Manolo lo que más le divirtió fue el espectáculo que dimos los espectadores, por un lado unos abucheaban, pataleaban y gritaban: ¡Fuera!, ¡Esto no es danza!; mientras otros aplaudíamos, gritábamos ¡Bravo!, y les increpábamos a los inconformes: ¡Incultos!.  Siempre recordaré este último comentario, yo creo que nos reímos durante un mes recordándolo.

 

Al final aplaudimos a rabiar mientras observábamos como muchos abandonaban la sala (a pesar de todo habían aguantado hasta el final). Pina Bausch se nos quedó grabada en la memoria para siempre.

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