2004-1 LA NOCHE DE ELEFANTES ROJOS

 LA NOCHE DE ELEFANTES ROJOS

Hay días de primavera que crujen como las hojas secas bajo las pisadas de los vagabundos que tal vez no amen lo suficiente como para comprender que no debería haber testigos cuando

blasfeman a la luz de la luna.
Tengo abierta la bragueta de la contemporaneidad y no consigo descubrir los caminos de espinos que me profetizaban los libros de esgrima.

Y a pesar de ello me oprime el cinto y me siento obeso.

No me obligareis

a cerrar puertas a la noche de elefantes rojos, aunque de cotidiano el sueño me vence al atardecer y desdibuja un fatuo futuro bajo una estéril frazada de lana, de ortigas o de escarcha.

Sueño como enraízan mis pies en la tierra abonada entre los surcos como notas de violín de los caracoles. De mis brazos brotes de aluminio abren los poros para buscar la luz. En mi garganta una flor como algodón ahoga un susurro. La noche reverdece mi pecho con rocío de andrómeda y alfa del centauro. Y llega un edicto de guerra de un gobernante demócrata extranjero.

Mis ojos ciegos de llanto miraban el cielo y leían.

Aunque ya todos mis libros hayan sido reducidos a cenizas en la hoguera del miércoles junto a bellos tramos del pasamanos de caoba, un retrato a carboncillo y sepia de un apuesto y desconocido anciano y otros documentos, cartas y tratados. Y por supuesto de sus réplicas en disquetes, compactos y otros soportes de renovada tecnología.

Mis ojos ciegos de llanto miraban al cielo y rugían.

De nuevo la Tierra dejará de ser redonda pese a las engañosas órbitas de los satélites. De nuevo la sangre dejará de circular emponzoñando de vida nuestras venas. De nuevo volarán untados de solidaridad los brujos adoradores del macho cabrío, del macho vacuno o de la ballena azul. De nuevo a los poetas se les obligará a medir con estandartes o estándares sus palabras, sus sílabas, sus acentos, sus silencios.

Hay días de primavera que parecen abrazar la luz y ahogarla en un estrépito de incontroladas agresiones sexuales y emanaciones furtivas, mientras afiladas miradas de vudú envenenan los recuerdos o los ungen en santidad. Todo es posible cuando el diccionario de la lengua real empieza a deglutirse a sí mismo. Y los más avezados intentan inventarse rimas de mentira para burlar de miedo la verdadera soledad.

El verdadero llanto de ojos
que, mirando al cielo
bajo las pisadas de los vagabundos,
crujían.

 

 

 

 

 

g.bruno 04

 

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