1998-3 EL CANARIO CIEGO

EL CANARIO CIEGO

 

 

Yo sé que el tiempo tiene jarcias de estaño cubiertas con algas y corales junto a un ancla de oleaje sin fin.

 

 

Pero no puede volar.

 

 

Como no pueden volar los inviernos cubiertos con espuma de afeitar y verticales cuchillas a modo de rascacielos, a través de ellos el viento ha depositado notas de una sinfonía negra y cimbreante como los pelos cortados de la barba.

 

 

Pero no puede volar.

 

 

Sin embargo es falso que desfallezcan sus nombres en el tajo como el canto del canario ciego, donde ya nunca desearemos beber con manos agarrotadas y silencios esculpidos con palabras deformes e impalpables.

 

 

Pero no puede volar.

 

 

Entre tanto noto como se desprende de mi vientre y nada puedo hacer para retenerlo porque no hay clavos ni alambradas, ni espinas ni atalayas, capaces de frenar su fluir mientras mi voz enmudece.

 

 

Pero no puede volar.

 

 

Siento que ya no puedo percibir su movimiento porque el ropaje de estanques o la fiebre en los espacios cerrados han tatuado bajo mi piel un temblor de amarillentas iniciaciones mágicas e insensatas, frágiles o intensas, ácratas y acrobáticas.

 

 

Yo sé que el tiempo tiene jarcias de estaño y sería capaz de arrancarle las alas a mil abejas.

 

 

g.bruno 98

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