El hombre vestido de sol (poemarios ilustrados con poemas)
Ha salido publicado mi último libro, ver reseña en el blog de creación poética Forjador de Lunas:
http://forjadordelunas.wordpress.com/2011/10/12/el-hombre-vestido-de-sol/
El hombre vestido de sol (poemarios ilustrados con poemas)
Ha salido publicado mi último libro, ver reseña en el blog de creación poética Forjador de Lunas:
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CUESTA DE LOS CIEGOS
La “Cuesta de los Ciegos” era uno de los enclaves madrileños preferidos de Manolo, nos acercábamos aprovechando las fiestas en las Vistillas, o simplemente dándonos el habitual paseo vespertino primaveral. Lo recorríamos a simplemente lo observábamos desde lo alto con la memoria puesta en los años de infancia en los que correteaba por estas calles, o las recorría en los topes de los tranvías.
Tenía y tiene el aliciente de la fuente adornada con el escudo republicano fechado en el año 1932.
Pero sobre todo tenía el aliciente, en los atardeceres, de los gatos que merodeaban, lo cruzaban, lo habitaban. Manolo recordaba que en su infancia eran muchos más. Pero aún pudimos avistar algunos durante nuestros paseos.
De la “Calle de Bailén” sale la “Calle de los Yeseros”.
Se puede decir que la “Calle de los Yeseros” termina en la “Calle de la Morería”.
Pero yo creo que en realidad la atraviesa transformándose en el poético despliegue de curvas, zigzags, “líneas de agua”, recovecos, filigranas y demás elementos arquitectónicos que configuran la “Cuesta de los Ciegos”.
Atraviesa la calle dedicada a “aquella latina que apenas nuestra vista determina si fue mujer o inteligencia pura”: “Calle de Beatriz Galindo”.
http://www.madripedia.es/wiki/Beatriz_Galindo
Y desemboca en la explanada donde se muestra la “fuente republicana”, junto a la “Calle de Segovia”.
Soy un hombre fuerte,
de cuerpo y de historia.
Bello como estrella que fulge
en la mirada y en la saliva amarga.
Dulce mi voz de amapola
y mi sudor de roble.
Soy un hombre resentido
contra el tiempo y los bosques.
Violento con mis puños
y con mi soledad austera.
Blasfemo
con la grosería de los pantanos
y el desprecio del corazón.
Obsceno en las noches oscuras
de virilidad y poesía.

Terminada la guerra fascista
contra el gobierno de la segunda república española,
los representantes de la ortodoxia cristiana asesinaron,
en algunos casos con sus propias pistolas,
y en muchos otros,
señalando con sus índices putrefactos,
a muchos maestros librepensadores.
Pero no una paz de olvido e ignorancia,
no una palabra de orden y propaganda.
No una paz eterna e inamovible,
ni una palabra que limpie, fije y dé esplendor.
No una paz para votar contra moros, maricas y sudacas,
ni una palabra de quienes siempre quieren censurarla.
No una paz sin historia ni memoria,
ni una palabra de paciencia y resignación.
No una paz inculcada en las escuelas,
ni una palabra para conculcar al profesor.
No una paz,
un pez que triture anzuelos
y se los escupa al pescador.
No una palabra,
un taladro que abra respiraderos de poesía
en los cerebros calcificados
y en los sueños de la razón.
Escupo sobre tu pecho de náufrago
anegando un banco de algas
mientras cierras humilde los ojos
y aprietas estoico la mandíbula
con sudor y escamas,
intentando ignorar mi ofensiva descarga.
Escupo con sangre
contra tus pectorales de acero
que despliegas con poder marcial,
pulmones de fuego,
corazón, latidos que dañan los oídos,
yunque de explosión y miedo.
Escupo con sables y escarcha,
saliva que hiere tu esternón, tu soledad.
Tu nariz intenta inspirar más oxígeno
pero solo encuentra invierno
y con un bostezo sin luz
despiertas en la noche amarga.
Sigo golpeando tu rostro de cadmio,
de luz, de viento, de albatros
y ya sangran con desgarro mis nudillos.
No gritas, no lloras, no protestas
y sigo maltratando tu belleza
sin lunas, sin paz, sin reflejos.
Tu mirada no me inspira compasión,
no te cubres, no te defiendes
ni retrocedes, ni alzas tu brazo contra dios.
Destruyo sin corazón tu coraje
de mar, de abrigo, de paciencia,
de silencio extraviado.
De tu nariz partida
brota un rayo de sangre,
recorre tus labios de estaño
y tu viril mentón de barco.
Y un último puñetazo al alba
consigue despertar tu voz:
“Amigo, dame agua”,
Ya soy viejo y voy perdiendo el instinto,
canto con mi voz de amapola
dejándome libar por agresivos monstruos de cine
y obscenas mariposas, color de almendras.
He envejecido deprisa y sin apegos,
ya soy viejo y la memoria triste
-nunca fue alegre aún de joven-
dejo neuronas por la esquinas
cuando salgo de casa
y se las comen los mendigos.
Habré perdido muchos años en alguna apuesta
o tal vez los haya guardado no recuerdo donde,
ya soy viejo y mi deseo es una historia vacía,
sin inviernos, sin espejos, sin caprichos ni miedos.
Camino con paso indeciso,
la mano sin pulso,
el corazón, una antorcha de alquitrán
sin escrúpulos, sin vicios.
Soy viejo, soy muy, muy viejo
pero si tú, si tú me dices ven,
me prendo fuego.
Un hombre dulce, barro, acero,
desnudo, forja, fuego,
sube la escala, estacas, cuerdas, deseo.
No va a reunirse con nadie en la cima,
no va a abrazar más que a su propia sombra
refulgente, descarnada, solitaria.
Su único sueño es que le permitáis seguir subiendo,
no busca más premio que el de asir otro peldaño,
sin intención de tocar el sol, ni el cielo,
sin pretender acercarse a dioses ni alienígenas.
Solo un paso más hacia arriba
sin mirar más hacia abajo,
desnudo de forja y fuego
por una escala de estacas y cuerdas, deseo,
hombre dulce de barro y acero.
Hoy he comenzado a escribir versos con mi esperma,
los dioses me han expulsado de sus olimpos,
sus paraísos,
sus esferas.
No es grave,
a partir de ahora mis versos engendrarán nuevos universos,
alimentarán el hambre de los pueblos,
germinarán de primavera la tierra.
Ya no tengo más dios que mi falo enhiesto
y la luz,
el verbo,
la verdad,
es un orgasmo seminal.